lunes, 14 de marzo de 2022


 

Wilson revende internet en su barrio de forma irregular. Antes de la pandemia del COVID-19 tenía poco más de 100 clientes. Cuando vino el confinamiento, que potenció el trabajo remoto y las clases virtuales, estos se duplicaron; ahora tiene unos 230. Y de eso se quejan las empresas telefónicas, pues reportan que la reventa ilegal de internet se incrementó durante la crisis de salud.

Hace siete años que Wilson (nombre ficticio, pues prefiere proteger su identidad) comenzó a compartirle internet a un vecino sin ninguna planificación y de forma empírica. Consiguió más interesados y surgió un negocio. Le invirtió y creció. En el techo de su casa tiene instalada una torre de 120 pies, en cuya cúspide están los aparatos que envían la señal inalámbrica a los receptores instalados en las viviendas de sus vecinos que le pagan por la conexión wifi.

En un cuarto contiguo, tiene unos costosos servidores donde se conectan cables que recorren los postes que sostienen el tendido eléctrico del barrio y las líneas de las empresas telefónicas. Así lleva el servicio a los clientes que le contrataron internet por fibra óptica, para la que ha invertido más de RD$1.5 millones en sofisticados equipos. Se interesó en comenzar el trámite para regularse como revendedor formal de internet, pero se queja de que es lento y burocrático. 

 

DIARIO LIBRE