miércoles, 24 de noviembre de 2021


 

“Me mataron un hijo después de haber dejado la guerra”. Manuel González Benítez, integrante de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), no deja ver resentimiento en sus palabras, pero sí convicción: “si me toca también dejar la vida en este intento de lograr la paz, estoy dispuesto a dejarla”.

Su hijo y también excombatiente Manuel Antonio González Buelvas, de 32 años, fue ultimado a tiros el 13 de diciembre de 2019 cuando trabajaba transportando personas en su motocicleta en una vía solitaria que conduce al espacio territorial en el que vivían los firmantes de la paz en Ituango, Antioquia, al noroeste de Colombia.

El asesinato de excombatientes es una de las mayores preocupaciones de la comunidad internacional cuando se cumplen cinco años de la firma del acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC, la que fuera la guerrilla más antigua de América Latina. Las víctimas mortales ascienden a 292 desde la firma del acuerdo en 2016, según la Misión de Verificación de las Naciones Unidas. También han registrado 67 intentos de homicidio y 22 desapariciones.

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE