lunes, 10 de mayo de 2021


 

El jueves de la semana pasada, escuché detenidamente la intervención en la que el mayor general, E.N., Adán Cáceres Silvestre, trató de demostrar su inocencia ante la jueza que conoce su caso, relativo a la acusación que sobre corrupción cursa en su contra.

Casi dos horas duró su discurso o “sermón”, cuyos argumentos estuvieron basados casi siempre en citas bíblicas. Más que un oficial superior de nuestros cuerpos castrenses, parecía un pastor evangélico. Más que el jefe de seguridad de un expresidente de la República, parecía un monge o ángel bajado del cielo. No descarto que quien de manera ingenua evaluó su extenso “sermón”, haya terminado afirmando: ¡«Este hombre es inocente!»

Sin embargo, luego habló Raúl Alejandro Girón, un mayor del E.N., el cual de manera firme, segura y valiente desnudó la imagen, según él, impía o nada inmaculada de su antiguo jefe (Cáceres). Fue entonces cuando reafirmé lo que siempre he dicho: abarrotar la boca de términos religiosos, o citar constantemente la Biblia, a Dios y a Jesús, a veces constituye la vía más efectiva para ocultar conductas indecorosas.

Ese tipo de fanático “cristiano” a mí no deja de parecerme sospechoso o desconfiado. «Cristo es verbo, no sustantivo» - rezan las letras de la canción. O, lo que es lo mismo, Cristo prefiere que se imite su ejemplo y no que se mencione tanto y perversamente su nombre, sin poner nunca en práctica sus palabras.

Cuando escuché al general, de inmediato recordé los versos del poeta, en los que se condena la conducta de los conquistadores españoles que después de proclamar y rendirle un irracional culto a la fe cristiana, llevaban a cabo la más cruel masacre en contra de los indios:

«Enarbolando a Cristo con su cruz,

los garrotazos fueron argumentos,

tan poderosos que los indios vivos,

se convirtieron en cristianos muertos...»

(Pablo Neruda)

Y acto seguido recordé también los versos de vanguardista acento del Poeta Nacional de Cuba, Nicolás Guillén, cuando dice no creer en:

«La pureza del que se da golpes en el pecho,

y dice santo, santo, santo,

cuando es un diablo, diablo, diablo...»

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura.

dcaba5@hotmail.com

 

 

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE