lunes, 11 de enero de 2021


 Juan (nombre ficticio) tiene 11 años. Hace más de tres que dejó la escuela. Vive con su abuela y su padre que, por razones diversas, incluida la salud, no trabajan y sobreviven con los pequeños aportes que les hacen los familiares cercanos.

Las horas que antes dedicaba a la escuela, y unas cuantas más, el niño las pasa ahora en un taller de mecánica en Santo Domingo Este, donde asiste a adultos con algunas tareas. Llega a las 9:00 de la mañana y permanece en el taller hasta las 7:00 de la noche. Al cabo de la jornada, los adultos a los que asiste le dan RD$100 o RD$150, excepto los sábados, cuando pueden llegar a darle entre RD$200 y RD$250 pesos.

Algunos de los adultos en el taller conocen bien a Juan y hablan de las condiciones humilde de la familia del niño y de la necesidad que tiene de poder ganar algo de dinero. En el taller hay otros menores, con edades similares a las de Juan. También en la estrecha calle del pequeño sector donde vive hay varios niños, incluso menores que él que, con entusiasmo, cuentan sus “hazañas” en el mundo laboral.

Juan y sus amiguitos incluso se sienten feliz de poner ganar un dinero que, aunque entregan parte a la familia y pagan su comida, les permite comprarse “cosas”, casi siempre una ropa nueva, sin pensar que esa labor les aleja de un desarrollo integral y de sus derechos de no explotación consagrados en las leyes.

Como la de Juan, hay historias en todo el país de niños que salen a las calles a vender, limpiar botas, pedir, que trabajan en empresas o en los campos agrícolas. Ellos engrosan las cifras de un delito invisible, oculto en la cotidianidad que, de acuerdo a los datos oficiales, afecta a más del 13 % de la niñez dominicana y que puede tener un gran potencializador con la pandemia del COVID-19, la enfermedad causada por el ccoronavirus SARS-CoV-2 que obligó a paralizar las actividades económicas y sociales y que sacó de las escuelas a millones de niños en todo el mundo.

Por trabajo infantil se entiende a las actividades económicas o domésticas que realiza un menor de edad, remuneradas o no, por más horas de las reconocidas para su edad.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) lo define como todo trabajo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima en 152 millones los niños, niñas y adolescentes entre 5 y 17 años que son víctimas de trabajo infantil o explotación laboral temprana en todo el mundo. De esos, 10.5 millones se encuentran en la región de América Latina y el Caribe.

La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar-MICS 2014), encontró que en República Dominicana el 56.1 por ciento de los niños y niñas de 5 a 17 años realiza algún tipo de actividad económica y que el 12.8 % entra en una de la clasificación de trabajo infantil, que se determina por la edad y la cantidad de horas trabajadas.