jueves, 2 de julio de 2020

RÍO DE JANEIRO — Vitoria Gabrielle gateaba todo el tiempo y estaba empezando a caminar con ayuda, aferrándose al brazo de su hermanito de cuatro años y explorando el pequeño departamento de su madre en una calle empedrada de Piedade, un barrio humilde de Río de Janeiro.
La pequeña con una sonrisa permanente en su rostro festejó su primer cumpleaños en febrero, dormía y comía bien, y estaba pronunciando sus primeras palabras: “mamae” y “vovó” (mamá y abuela), según su madre, Andréa de Sousa.
Pero tras recuperarse de una meningitis viral, Vitoria Gabrielle sufrió problemas intestinales que hicieron que fuese llevada varias veces más al hospital. Fue durante una de esas visitas en abril que de Sousa sospecha que la niña contrajo el coronavirus, que por entonces empezaba a circular en Brasil.
Vitoria Gabrielle falleció el mes pasado –tenía un año, dos meses y 21 días– en momentos en que el COVID-19 se propagaba por la nación más grande y poblada de América Latina, que es el país más golpeado por el virus después de Estados Unidos en lo que respecta a la cantidad de casos y de muertes.

CREDITOS A HOY DIGITAL