viernes, 22 de mayo de 2020

“Es uno atrás de otro. Esto no para”, afirma uno de los sepultureros de Vila Formosa, el mayor cementerio de Sao Paulo y América Latina, vestido con un mono blanco y una máscara de tela cubierta con otra de acetato transparente para protegerse del COVID-19.
El ruido de palas se mezcla con el de las excavadoras que desde hace semanas remueven tierra frenéticamente para abrir miles de nuevas fosas en este cementerio popular en el estado brasileño con mayor número de víctimas de la pandemia del nuevo coronavirus.
“Nuestro promedio era de 30-35 [entierros] diarios; un día fuerte, 45. Actualmente estamos enterrando a 60”, dice James Alan, supervisor de uno de los equipos de sepultureros de este camposanto de 750,000 m2, que alberga los restos de 1,5 millones de personas.