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Cuerno de marfil, pieza de leyenda de museo RD


 

En el magnífico Museo de las Casas Reales se encuentra una pieza de leyenda.
Perteneció a la colección Osorio, propiedad de un millonario mexicano, la que fue adquirida por Trujillo; la extraordinaria colección consiste en una serie de armas antiguas y un cuerno de marfil tallado en su totalidad.

El colmillo de elefante, aprisionado en su caja de cristal, luce la magnífica belleza de su superficie totalmente tallada por la exquisita mano de un artista. El marfil con la forma curva de un enorme cuerno de caza, presenta en su superficie seis escenas talladas, separadas entre sí por franjas decorativas vegetales y geométricas.

Aunque la talla en marfil es antiquísima y en el material se han ejecutado obras maestras de intrincada tracería, en el caso de las tallas árabes, de delicadeza y maestría sin par en aquellas hechas por los artistas chinos, para no mencionar los prodigios bizantinos, en donde el arte de la talla sobre el terso y grato material fue elevado a perfecciones jamás vueltas a igualar.

Al contemplar la pieza, no se puede menos que evocar al legendario Rolando, empuñando el enorme cuerno para advertir con su sonido a las tropas de Carlomagno, del peligro que corrían, en el paso de Roncesvalles, mientras su espada empuñada, mantenía a raya la horda de moros invasores.

Aquel Rolando, héroe de mil proezas cantadas por los trovadores franceses, fue uno de los 12 pares de Francia que formaban el séquito de Carlomagno. Era el más valiente, audaz y bello. Su heroísmo y la historia de sus amores e infortunios, forman la canción de gesta o epopeya de los franceses, La Chanson de Roland.

La leyenda del héroe francés, enamorado perdidamente de Angélica, la bella princesa oriental, sirvió de base para que, ya en pleno Renacimiento, el poeta italiano Ludovico Ariosto, compusiera su poema épico Orlando Furioso, en donde cuenta las desventuras del héroe, enloquecido como castigo por haber abandonado a su Dios y su rey, en pos de Angélica, la bella princesa oriental.

Es renacentista
Las escenas talladas en el terso y suave marfil del colmillo de elefante de las Casas Reales, de indudable factura renacentista, hechas por manos expertas en el difícil arte, pudieron haber sido obra de alguno de los artistas que, en el siglo XVI, hicieron de Dieppe el centro de la talla del bello material, en Europa. Existen dos bustos en el cuerno, uno de Francisco I, aquel rey francés que combatió contra Carlos V, rey de España y emperador de Alemania, a quien disputó la corona imperial.

Francisco I se había casado con una hermana del rey Luis XII. Al morir este, heredó la corona de la flor de lis, anexando sus posesiones de Angulema a la corona francesa.

Fue este Francisco I un personaje por demás interesante, empeñado en hacer de Francia una potencia de primer orden, como no lo había sido desde los tiempos de Carlomagno y los 12 pares de Francia.

Al mismo tiempo que combatía al poderoso Carlos V, atraía a Francia artistas italianos de la talla de Leonardo da Vinci y Benvenuto Cellini, además de una enorme cantidad de maestros en todas las artes menores, con el fin de enseñar a los artesanos franceses el nuevo estilo renacentista.

En su palacio de Fontainebleau, su amante Diana de Poiters, de legendaria belleza, posaba desnuda para que Jean Goujon la inmortalizara como Diana Cazadora.

El mismo palacio de Fontainebleau, por orden de Francisco I, fue transformado por Pierre Lescot y Philibert Delorme en un palacio renacentista que reflejaba sus serenas líneas clásicas, en las mansas aguas de una laguna, mientras los parques adornados con estatuas y fuentes se fundían en el verde bosque que, como manto, arropaba los predios del regio castillo.

El otro busto tallado en el cuerno es el de Enrique II, hijo de Francisco I, quien continuó las guerras de su padre contra el imperio español y sus aliados.

Las escenas de caza en el marfil del cuerno parecen protagonizadas en los bosques maravillosos de Fontainebleau.
Tiene el cuerno de marfil tallas legendarias.

Una de ellas representa el milagro de San Huberto, leyenda del siglo VIII, que cuenta que Huberto, noble caballero, salió de cacería un Viernes Santo. Mientras perseguía un ciervo, este sorpresivamente se detuvo y se dio vuelta. Asombrado, Humberto vio que entre sus cuernos brillaba una cruz con luz intensa y oyó una voz que le reprochaba esa persecución, en lugar de reverenciar al Señor en ese día tan sagrado.

Gerardo VII, duque de Cleves, fundó en el siglo XV, la Orden de los Caballeros de San Huberto. El legendario San Jorge combatiendo al dragón también está representado en otra escena.

Dos fechas sirven de hilo conductor para especular un poco sobre la razón o motivo de la serie de escenas talladas en el imponente cuerno de marfil y el motivo de la confección de tan exquisita pieza, son 1421 y 1552.

Curiosamente, coinciden con dos señaladas fechas en la historia de Francia; en 1421 Juana de Arco logró vencer a los ingleses contra los cuales Francia había sostenido una desgarradora guerra de cien años.

Carlos VII fue coronado rey en Reims. Los ingleses quemaron a la doncella, pero Francia tuvo un rey francés; en 1552 Enrique II logró desalojar a los ingleses de Calais, su último reducto en tierra francesa.

¡A esto se agrega la figura de San Jorge, patrón de Inglaterra!
Para la trascendencia
Tal parece que la magnífica pieza se talló para conmemorar un hecho de mucha trascendencia para la historia de Francia.

La presencia de Francisco I así parece indicarlo, además de una escena que muestra la armadura con la flor de lis, una ballesta, una espada y el escudo real. En esta escena hay, además, una cartela con las iniciales FHE, tal vez las del artista que realizó la obra, aunque es algo arriesgado haberlas colocado precisamente en la escena que muestra las armas y el escudo del rey.

Francisco I fue el primer monarca de un país unido y coherente, capaz de rivalizar con el más poderoso emperador de su tiempo, señor de más de medio mundo. Su hijo continuó su obra y cristalizó las más puras aspiraciones de Francia, liberando a Calais de manos inglesas.

El remate del extremo más delgado del cuerno es ¡un canto triunfal!
Un trompetista, cuyo grácil cuerpo se adapta a la delgada curva, sopla el instrumento para anunciar la gloriosa gesta: la patria de Rolando, Juana de Arco, Francisco I, san Huberto y Enrique II es libre al fin de la humillante invasión inglesa.
¡Francia se encamina por senderos de gloria!

 

 

 

 

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