martes, 30 de marzo de 2021


 

En Madrid, la verdadera fiesta empieza a las 23:00 horas, cuando cierran los bares y comienza el toque de queda.

Es entonces cuando grupos de jóvenes y políglotas juerguistas de Italia, Holanda, Alemania y, sobre todo, Francia, se unen a los jóvenes españoles por las estrechas calles de la zona antigua de Madrid buscando una diversión ilícita. La mayoría tienen poco más de 20 años y están ansiosos por disfrutar en la capital española como hace meses que no pueden en sus ciudades por las restricciones contra la pandemia.

Con su política de bares y restaurantes abiertos — que atienden tanto en su interior como en la terraza — y de mantener los teatros y museos abiertos a pesar de los brotes de coronavirus que han saturado sus hospitales, Madrid se ha ganado la reputación de oasis de diversión en el desierto de restricciones de Europa.

Otras regiones españolas tienen un enfoque más estricto hacia el ocio. Hasta los soleados balnearios turísticos costeros ofrecen un limitado catálogo de opciones para los pocos visitantes que comienzan a llegar, coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, ante las contradictorias normas europeas para viajar.