viernes, 18 de septiembre de 2020


Por Cándido Mercedes

“Si te atreves a enseñar, no dejes de aprender”. (John Cotton Dana).

Varios factores interactúan en nuestra sociedad que la hace muy diferente desde octubre del año pasado. Esto es, a poco menos de un año, exactamente 11 meses, el panorama político, económico, social, sanitario e institucional ha cambiado ostensiblemente. El punto neurálgico, de inflexión, nodal, se encuentra instalado como exordio el 22 de enero de 2017.

La desconexión con la sociedad del poder político de entonces, fortalecería aquella llama durmiente que despertó como un volcán en erupción cuyas lavas se esparcieron como cenizas en el alma y corazón de una sociedad cuasi colapsada en la indiferencia, la abulia, la apatía y el engaño. Tres sociedades se esculpían al mismo tiempo y una inmensidad de agendas crospicadas en la heterogeneidad de la estratificación social dominicana.

La hegemonía y dominación, aun con el mismo poder político del PLD, era clara la diferenciación a partir del 2012 aunque solo fuera la forma; y es que la simbología, la semiótica del poder encierra en gran medida, en como la autarquía se pudo redimensionar en nuevas formas de relaciones de poder que disminuyen o expanden formas más democráticas y de asentamientos en el desarrollo o no institucional.

Muchas son las claves para entenderla y asumir un nuevo derrotero donde la eclosión de los movimientos sociales, como flor y espina de una nueva participación en la política, encuentra espacio. Manuel Castells en su interesante libro RUPTURA: La crisis de la Democracia Liberal, nos dice “La lucha por el poder en las sociedades democráticas actuales pasa por la política mediática, la política del escándalo y la autonomía comunicativa de los ciudadanos. Por un lado, la digitalización de toda la información y la interconexión modal de los mensajes los credos un universo mediático en el que estamos permanentemente inmersos. Nuestra construcción de la realidad, y por consiguiente nuestro comportamiento y nuestras decisiones, dependen de las señales que recibimos e intercambiamos en ese universo. La política no es una excepción a esa regla básica de la vida en la sociedad red en la que hemos entrado de lleno…”.

El costo de la política, en todas sus manifestaciones, variedades, nunca había asistido a los niveles formales, informales e institucionales desde el Estado mismo como eje transversal para el soporte y dominación de un partido, que manteniendo la cooptación de todo un aparato mediático no logró al final la articulación en la hegemonía cultural en la persuasión para poder “seguir convenciendo” de la bondad de una ERA. El asqueo de la corrupción y de dominación pedestre, sin actores creíbles, que no fueran la eterna propaganda sin imaginación.

Es claro que en el panorama político hay una obvia fragmentación y fragilidad de los partidos políticos. Aun cuando PRM y PLD en las elecciones del 5 de julio conforman un determinante bipartidismo, tomando en cuenta el factor cuantitativo en las votaciones a su favor: 90%. Una auscultación en las diferentes instancias del poder advierte un multipartidismo; por una parte, el Senado y una fragmentación más plural en la Cámara de Diputados. El PLD obtuvo un 37.46% con todo el poder del Estado a su favor, lo que indica que, en los próximos años, dado que Danilo Medina no podrá ser candidato, la medida de cómo se renueve significará o no un oxígeno o una soga. No hay dudas de que en el horizonte las perspectivas configuran inmensos nubarrones, con tronadas, tormentas, tornados, rayos y huracanes. Lo que se vislumbra es una clara caída.

Leonel Fernández y su Fuerza del Pueblo tendrían más peso en el escenario político que su matrícula. Sin embargo, la creación de ese partido tiene a Leonel como su buque insignia, sin más opción aparente que su figura. En sociedades como la nuestra, desde el punto de vista político, no se puede decir que un determinado eclipse se desdibuje, a no ser que la muerte lo atrape. Los ejemplos más paradigmáticos son Balaguer en el 1978 y luego ascendería al poder en el 1986. Hipólito en el 2004 (33%), desde el mismo poder, y en el 2012 (47%), la sociedad cuasi lo reivindicó. Conceptualmente, desde la Sociología política, creemos que Leonel, Hipólito y Danilo y con ellos, la expresión misma de sus generaciones, deberían marcar el colofón de dos generaciones que no pudieron responder a los desafíos, expectativas, intereses y valores de la sociedad.

Ellos tres y lo que representan de como visualizaron el Estado. En una mesa deberían expresar el cierre de su ciclo y comunicar a la sociedad de que hay más que hacer fuera del ámbito político. Ni la sociedad política ni la sociedad en su conjunto los requieren más en la dirección del Estado. ¡Ninguno llegó siquiera a la vocación de Estadista! Oír el discurso de Danilo frente a los legisladores del PLD el miércoles 16 causa pavor, terrorífico, a la luz de lo institucional y de los intereses de la sociedad.

Claro, no es el deseo, sino la mirada desde la esfera de una praxis política y social que ha configurado en el orden de lo institucional, de la fortaleza de la democracia, de una efectiva gobernanza, de la enorme crisis de la desigualdad, un ejercicio mediocre desde el poder, sobre todo si rodamos el aro de comparaciones con países similares. Leer el Informe del BID: Crisis de la Desigualdad en América Latina y el Caribe en la encrucijada, nos arredra y nos conmueve el alma de dolor.

El PRM, un partido cuasi nuevo, apenas cumplió 6 años ahora en septiembre. Sin embargo, salió de una organización vieja que cumplió su ciclo hace mucho tiempo. El PRM, catarsis, salto y síntesis del PRD, llegó con la cultura de lo mejor y lo peor de la otrora institución del 1939. Se dibujan dos culturas claramente diferenciadas. Un PRM que logra entender el desafío y las expectativas, cuya llegada al poder es fragua, forjación y constelación de una inmensidad de factores, donde le cabe el honor de canalizar, encauzar y encarnar el

momento: el cambio. El hartazgo y el asqueo de la corrupción y la impunidad y de cómo se diezmaba la institucionalidad.

La perspectiva es si el PRM logra derrotar toda la cultura añeja del PRD, sintetizada magistralmente por Peña Gómez “Solo el PRD destruye al PRD. Solo el PRD le gana al PRD”. El PRM triunfará y esa penta de desafíos (sanitario, económico, institucional, social y corrupción), si logra desdibujar, desmadejar, como proceso, la política como arma meramente clientelar, la clara separación de los poderes del Estado, el imperio de la Ley; en fin, la decencia política, podría, poco tiempo para esta aseveración, reiterarse en el poder y con ello, la fragilidad y la fragmentación política disminuirán. Aunque nuevos actores sociales estarán con más vehemencia en los espacios públicos.

El corpus social emerge en su dimensión corpórea para rupturar la agonía que como nos diría Byung-Chul Han en su libro La agonía del Eros, cuando nos expresaba “allí donde el verdadero amor colapsa por el individualismo, la obsesión por dimensionarlo todo en la categoría del mercado”. Fluye en este tránsito la llamada del compromiso, la redimensión de lo ético, donde el miedo y el espanto sean la cantera para el fuego de un nuevo horizonte en las relaciones de poder.