viernes, 17 de julio de 2020

Con la proclamación de Luis Abinader y Raquel Peña como presidente y vicepresidenta de la República, la Junta Central Electoral (JCE) cierra un ciclo de tensiones que iniciaron con las objetadas primarias del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), la suspensión de las elecciones municipales de febrero del 2020, hasta la posposición de las presidenciales y congresuales por la pandemia covid-19.

En esos escenarios la credibilidad de los miembros del organismo cayó en picada, en un contexto en el que, la oposición política, temía que el partido de Gobierno desbordara los límites que imponen la Ley Electoral y la Ley de Partidos sobre el uso de los recursos del Estado para favorecer a los candidatos oficialistas.
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El Pleno de la JCE está integrado por su presidente, Julio César Castaños Guzmán, Roberto Saladín, Carmen Imbert Brugal, Rosario Graciano y Henry Mejía, quienes durante nueve meses soportaron fuertes críticas y cuestionamientos a su desempeño.
Pero la legitimidad de las elecciones presidenciales y congresuales del 5 de este mes, a excepción de algunos ruidos que persisten por la aplicación del método D’Hondt en la distribución de los escaños en la Cámara de Diputados, liberó a los miembros de la JCE del peor período vivido desde que fueron designados en 2016.
La avanzada de la crisis. El resultado de las primarias del PLD, para escoger a su candidato presidencial, se convirtió en el preludio de la crisis en la que quedó empantanada la JCE.
 
CREDITOS A LEONORA RAMIREZ