sábado, 7 de julio de 2018

INTERNACIONAL
WASHINGTON. Doblegado después de meses de escándalos, Scott Pruitt entregará la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos a un funcionario mucho menos ostentoso que se prevé siga con las mismas políticas de eliminar regulaciones ambientales y ser amigo de los empresarios.

Con la renuncia de Pruitt, el presidente Donald Trump pierde a un funcionario al que muchos conservadores consideraban como uno de los miembros más eficaces de su gabinete. Sin embargo, Pruitt también estuvo asediado durante meses por una serie de escándalos aparentemente interminable, que dieron pie a más de una decena de investigaciones federales y del Congreso.

El subdirector de la EPA, Andrew Wheeler, un exejecutivo de la industria del carbón, asumirá la posición de director interino el lunes.

“No dudo que Andy continuará con nuestra gran y duradera agenda en la EPA”, tuiteó Trump el jueves al anunciar la renuncia de Pruitt.

Los republicanos dicen que Wheeler está bien calificado para encabezar la agencia, ya que trabajó aquí al inicio de su carrera, pero demócratas y grupos ecologistas lamentaron que se hubiera nombrado a un defensor de la industria del carbón.

En declaraciones hechas el jueves a reporteros en el avión presidencial, Trump siguió elogiando a Pruitt y afirmó que no se trató de una decisión causada por una “última gota” y que no fue él quien pidió la renuncia del hasta hoy director de la EPA.

“Scott es un tipo increíble”, dijo Trump. “Vino a mí y me dijo: ‘Tengo una enorme confianza en la administración y no quiero ser una distracción’. Irá y hará cosas grandiosas y tendrá una vida maravillosa. Espero”.

En su carta de renuncia proporcionada a los medios de comunicación, Pruitt expresó que no estaba arrepentido de ninguna acción tomada desde que fue designado por Trump para dirigir la EPA el año pasado.

Pruitt, un exfiscal estatal de Oklahoma cercano a la industria petrolera, había interpuesto más de una decena de demandas contra la agencia de la que fue nombrado director. Cuando llegó a Washington, trabajó incesantemente para desmantelar las regulaciones ambientales implementadas durante el gobierno del entonces presidente Barack Obama, dirigidas a reducir la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Durante su año en el puesto, Pruitt viajó por todo el país a expensas de los contribuyentes para reunirse con grupos industriales y codearse con donantes del Partido Republicano. Sin embargo, mostró poco interés en escuchar a grupos de activistas a los que describió como “la izquierda ambiental”. Dichos grupos celebraron su renuncia.

Al igual que Trump, Pruitt expresó escepticismo sobre el cambio climático y criticó duramente el Acuerdo de París.

Pruitt se vio obligado a renunciar luego de una serie de revelaciones en las que se dieron a conocer sus costosos viajes en asientos de primera clase y su elevado gasto en seguridad, incluida una cabina insonorizada de 43.000 dólares para realizar llamadas privadas. También exigió la protección de guardias armados las 24 horas del día, lo que resultó en un equipo de 20 miembros que elevó los gastos de la agencia en más de 3 millones de dólares.

Pruitt también había ordenado a trabajadores de la EPA que hiciera tareas personales para él, como recoger la ropa de la lavandería.

El empleo de Pruitt peligraba desde finales de marzo, cuando ABC News reportó en primera instancia que él rentó un condominio en Capitol Hill por sólo 50 dólares la noche. El inmueble era en parte propiedad de la esposa de un cabildero de la industria de los combustibles fósiles cuya firma había solicitado a la EPA rescindir algunas regulaciones.
 
 
DIARIO LIBRE

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