jueves, 17 de mayo de 2018

INTENACIONAL
“Carlos” amarró sobre su motocicleta tres sacos llenos de palos secos y encendió el motor. El sonido del vehículo en marcha se escuchaba por el apacible bosque del Parque Nacional Jaragua. El joven llegó a la solitaria y ancha carretera que conecta a Cabo Rojo con la Sierra de Bahoruco y aceleró hacia el sur. El camino era suyo. Iba con descaro. Tenía prisa en entregar lo que transportaba para retornar por más material de contrabando.

Andaba alerta; procuraba que las autoridades no lo interceptaran. Llegó a una estrecha vereda en el pueblo fronterizo de Pedernales y aceleró más. Estaba a punto de cruzar la frontera entre la República Dominicana y Haití de una forma simple: por el seco río que las divide. Y lo hizo. Otra vez burló el puesto militar que estaba a 800 metros del camino. Sin pasar por un control migratorio, llegó a Anse-à-Pitres, una comunidad haitiana, para encontrarse con “el moreno”, un haitiano que lo esperaba. El afán por entregar los sacos le generó unos RD$1,350 en esa vuelta.

La inusual mercancía que intercambió provino de un arbusto de varias especies casi todas clasificadas bajo el género científico Amyris, que en la República Dominicana le llaman guaconejo y en creole haitiano bwa chandèl (leña de candela). La madera de esta planta se somete a un proceso de destilación para extraer un aceite esencial –parecido al sándalo de la India– utilizado en la elaboración de perfumes, jabones y otros productos. También se le atribuyen propiedades terapéuticas y cosméticas.

Desde el siglo pasado Haití es un productor relevante de aceites esenciales. El país se ha considerado de las fuentes más importantes del mundo de aceite de alta calidad extraído de la planta vetiver (conocida en Dominicana como pachulí). En 2016, la consultora internacional Grupo ETC reportó que 60,000 personas en ese país dependen del vetiver para sus ingresos, siendo desconocido cuántos lo hacen del guaconejo.

La industria haitiana de aceites esenciales se ha nutrido en menor medida y con altibajos de guaconejo, limoncillo y naranja amarga –o agria– como materia prima. Pero la severa deforestación en ese país, especialmente para hacer carbón, impactó en sus recursos. Aunque no hay datos de cuánto se ha afectado, reportes y conocedores del negocio consultados en ambos países coinciden en que proviene desde la República Dominicana toda la madera para extraer aceite de Amyris que Haití procesa desde hace años (hay quienes estiman más de 10 años).

El guaconejo se contrabandea pese a que cinco especies endémicas y nativas del arbusto están en la Lista Roja de la Flora Vascular Dominicana, presentada en 2016. En Pedernales se ha documentado la existencia de varias especies, como Amyris elemifera, Amyris balsamifera y la endémica Amyris granulata, que en ese inventario tiene el estado de En Peligro. En la provincia y en las fronterizas Independencia, Elías Piña y Montecristi también hay de la especie nativa Amyris diatrypa, igualmente En Peligro.

El uso de aceites esenciales es milenario. En la Biblia se menciona que tras la muerte de Jesús, Nicodemo llevó un compuesto de mirra y aloes para el cuerpo de Cristo. El Observatory of Economic Complexity del Instituto de Tecnología de Massachusetts, que compila bases de datos mundiales, registra que en 2016 las exportaciones globales de aceites esenciales movieron más de U$4 mil millones.

DIARIO LIBRE 

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