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Con Rafa Informa

Miriam Germán: De Balaguer a Camacho, consistente en defender la dignidad de los jueces


 

Santo Domingo.-La procuradora general de la República, Miriam Germán Brito, hizo uso del estilo epistolar para llamar la atención a uno de sus adjuntos (Wilson Camacho) y reivindicar su vocación de jueza.

Miriam Germán es parca al hablar, aunque en algunas de sus decisiones, cuando estaba en su rol de jueza, emitió fuertes críticas al desempeño del Ministerio Público, como cuando explicó su voto a favor frente al conocimiento del caso Odebrecht, estableciendo que lo hacía contrario al pedimento de la parte acusadora porque, palabras más, palabras menos, había instrumentado un expediente poco sustentado.

Aunque no se le conoce por su elocuencia, con esta suman dos epístolas que formarán parte de la antología extracurricular de la comunidad jurídica dominicana. En ambas ha reivindicado la figura del juez.

Se trata de esta carta del 21 de diciembre pasado y la que le que escribió al entonces presidente Joaquín Balaguer el 15 de noviembre de 1993.

En su más reciente epístola no hace mención de nombres específicos, pero los casos que utiliza como ejemplo para su reprimenda no da espacio a dudas de que su destinatario implícito es el procurador adjunto a cargo de la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca), Wilson Camacho.

En la carta a Balaguer, Miriam Germán recrimina al entonces mandatario críticas contra ella en su condición de jueza por haber absuelto en primera instancia a un imputado de narcotráfico, decisión que las autoridades desacataron en un primer momento.

Joaquín Balaguer habló en aquella ocasión de corrupción en la justicia e hizo acopio al “mercado persa” con el que se comparaba en aquel entonces el Poder Judicial, pero en su respuesta epistolar Miriam Germán le recriminó al entonces mandatario, afirmando que este mostraba desprecio por el Poder Judicial y aprovechó para explicar que las razones que la llevaron a decidir en esa dirección fueron debilidades y fallos en la acusación del Ministerio Público y de la Dirección Nacional de Control de Drogas.

La entonces juez de primera instancia dijo que respondía las imputaciones de Balaguer “en razón de que aunque no me sorprende el desprecio que usted exhibe por el Poder Judicial, he pretendido llevar un camino de decencia y autorrespeto por el que he tenido que pagar un alto precio”.

“Sólo cuente con mi sentencia condenatoria, cuando el Ministerio Público cumpla su obligación de probar y los que investigan dejen de acomodar expedientes para después rasgarse las vestiduras.

Los principios son para ser aplicados independientemente de la valoración que nos merezca el eventual beneficiario.

Al momento de juzgar, pretendo, sólo pretendo, hacerlo sin pasión, pero también sin miedo; no está entre mis deberes por un mero indicio, una simple sospecha, enviar un ciudadano a la cárcel”, señaló Miriam Germán.

Disculpas de Balaguer
La carta pública en cuestión fue respondida por Balaguer disculpándose y reconociendo que nunca había recibido una respuesta “con tanta altura” y contundencia como la que le dio Miriam Germán.

El entonces mandatario reiteró que él no intervenía en las decisiones de jueces, que había respetado su independencia y que efectivamente los responsables del descrédito de la justicia eran “los jueces que enlodan diariamente su toga, abdicando de su deber por un puñado de lentejas”.

Sin embargo, reconoció los méritos en los argumentos esgrimidos por Miriam Germán en los que señalaba las deficientes actuaciones del Ministerio Público y las agencias estatales que actuaron en el caso en cuestión.

Coherencia de ahora
Los argumentos de Miriam Germán en esa carta se asemejan mucho a los esgrimidos por la Asociación de Jueces Dominicanos en la que se quejan por las críticas de miembros del Ministerio Público a raíz de decisiones contrarias a las pretensiones de los fiscales.

Es como si la hoy jefa del Ministerio Público se sintiera obligada a reiterar los criterios que ella como jueza esgrimió en 1993 y que también reiteró cuando le tocó fallar a favor de varios imputados del caso Odebrecht cuando era jueza de la Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia.

Señala en su carta del 21 de diciembre pasado a los procuradores adjuntos que aunque las críticas a decisiones de jueces en el contexto de sus atribuciones resultan sanas para el sistema judicial, pero sin que esas vayan dirigidas a al juez como persona o que se busque dañar su reputación.

En uno de los ejemplos señala directamente uno en el que el protagonista fue Wilson Camacho. Se quejaba de que en el caso de una investigación abierta a un juez bastaba conque el adjunto actuante señalara que se trataba de un caso tramitado por el propio Poder Judicial.

“En vez de realizar una intervención que afecta la percepción de las investigaciones y su integridad, hubiese bastado que se le hiciera notar que la actuación fue iniciativa de la inspectoría del Poder Judicial que observó tener evidencias sobre posibles conductas dolosas de aquel magistrado.

Bastaba, por igual, indicar que de parte del Ministerio Público sólo se procedió a iniciar la investigación pertinente como parte de nuestros deberes bajo la Ley Orgánica del Ministerio Público y otras normas aplicables”, señaló la magistrada.

Ambas cartas, la del 15 de noviembre 1993 y la del 21 de diciembre del 2022, indican que Miriam Germán mantiene su postura de que desde el Ministerio Público no se debe atacar la reputación personal de un juez con declaraciones, aunque se le formulen críticas en el marco de sus actuaciones en su condición de juez y que las mismas deben ser atacadas procesalmente, como establecen las leyes vigentes.

Postura con relación al caso Odebrecht en la SCJ
Procesos. También fue motivo de controversia cuando siendo presidenta de la Sala Penal de la Suprema Corte de Justicia Miriam Germán votó en contra de una solicitud del Ministerio Público de variar la medida de coerción contra acusados del caso Odebrecht para que se le impusiera prisión preventiva.

En esa oportunidad ella planteó que la acusación carecía de elementos de pruebas contundentes y que se basaba principalmente en afirmaciones o declaraciones, los cuales a su entender no eran suficientes como para mantener en prisión a los imputados.

Ya estando ella fuera de la Suprema y ocupando las funciones de procuradora, el tribunal de primera instancia desestimó los cargos contra casi todos los imputados alegando insuficiencia de pruebas contra ellos.

 

 

 

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