miércoles, 24 de noviembre de 2021


 Por Francis Aníbal

SAN PEDRO DE MACORIS. Un comunicador de esta ciudad, quien es discapacitado, manifestó que en el país se evidencia un atraso colectivo en materia de inclusión laboral, al considerar que es muy mínima la cantidad de discapacitados que laboran en diferentes empresas.

Carlos Ventura manifestó que así se demostró en un estudio de campo realizado, el que demuestra que solo 3 de 2,500 personas están empleados en diferentes empresas del territorio nacional.

 

Sus consideraciones están contenidas en un interesante artículo que reproducimos íntegro a continuación:

“La Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad es un instrumento internacional de derechos humanos de las Naciones Unidas o derecho internacional de los derechos humanos, destinada a proteger la dignidad de las personas con discapacidad”, tratado de los derechos humanos entrado en vigor y firmado en 2008. 

Sin embargo, en el contexto real de este convenio la realidad es otra, que lacera los sueños y sentimientos de las personas con algún tipo de condición, por enfermedad crónica, sometida a toda clase de vejámenes por una sociedad que lamentablemente se resiste a aceptar las diferencias. 

 Muestra de ello, hace unos meses atrás, el autor de este artículo de opinión y el compañero entrañable Cristino Calcaño, realizaron un levantamiento para determinar estadísticamente el número de personas con discapacidad y si recibe asistencia por parte del Estado.

Para nuestra sorpresa, de un porcentaje tomado de la muestra, el 50% padece de enfermedad crónica terminal en edad avanzada (sin ningún tipo de asistencia social); el 30% en un rango de edad entre 20 a 35 años permanece desempleada y sin contar con subsidio alguno por el aparato estatal; un 17% no posee Seguro Familiar de Salud por no tener un familiar dentro de alguna AFP o ARS y un 3% permanece encerrado/a en lo más recóndito de su habitación porque papá y mamá se avergüenzan de su fruto. 

Contrario a lo que establece el reglamento de la convención de que “las personas con discapacidad, tienen derecho a la protección y a permanecer en ambientes accesibles, seguros, saludables y libres de violencia” 

Las cifras son extremadamente alarmantes y asombran ante quienes tienen corazón. Sin embargo, existe una clase política, empresarial y social que se hace de la vista gorda ante: “UNA REALIDAD QUE POCOS QUIEREN VER”. 

 “Una vez me presenté a una empresa X para solicitar un empleo, y el guardia de seguridad me dijo que yo soy una inútil y estúpida tanto por mi condición como por mi decisión de aventurarme a conseguir un trabajo”, contó entre lágrimas de impotencia la joven María de Jesús Peguero, quien sufre una desviación en la columna lumbar. 

Esta es una, entre millones de realidades, que no relucen en ciertos medios de comunicación de masas, donde por cierto sólo prima la marca del maldito amarillismo encendido que se caracteriza por la industria del morbo y la generación de ‘contenido basura’.

En nombre de mi sector me siento sumamente ignorado, desilusionado, frustrado e incomprendido, imaginando la cantidad de hermanos que pasan hambre, humillaciones, exclusiones, maltratos familiares y sistemáticos, porque muchos desearían que se creara una fosa común para lanzar a los considerados como una carga o estorbo para el Estado.  No miento!!! 

 Preocupaciones, temores, ideas, malestares llegan a mi mente mientras trato de crear una propuesta común para sepultar el infierno que atormenta a muchos miserables, como los de Víctor Hugo, cuyo protagonista Jean Valjean tuvo que robar pan para poder sobrevivir. Por supuesto, estás sorprendido por esta realidad que nunca te contaron.  

 No bastó con que en 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamara el día 3 de diciembre como “Día Internacional de las Personas con Discapacidad”, sino que todos los días celebremos la hermandad de pertenecer a un planeta con suficientes recursos como para que todos podamos coexistir.  

 Los Estados miembros deben crear conciencia y medidas encaminadas al constante mejoramiento de la situación de las personas con discapacidades y a la consecución de la igualdad de oportunidades.  

“Las personas con discapacidad tienen derecho a la no discriminación y a la participación e inclusión plena y efectiva en la sociedad; en igualdad de condiciones”, expresa la Convención sobre los derechos en condiciones especiales.  

 No obstante, a pesar de que está escrito, en la práctica solamente se limita a una vaga teoría, mientras instituciones llenan el papeleo reglamentario y burocrático para simular su aplicación. 

 Como dice un buen amigo mío: “Lo que está a la vista no necesita espejuelos”. En San Pedro de Macorís y el país operan empresas con capacidad de albergar a 2,500 empleados, y si tomamos como punto de referencia la Ley 05-13, el 2% de ese total debe tener algún tipo de discapacidad. 

 Durante el estudio de campo que realizamos sólo el 000,3 % (3/2,500) de ese sector estaba empleado en algunas compañías. Por lo tanto, se evidencia un atraso colectivo en materia de inclusión laboral ¿y por qué no, social? 

 Según la Oficina Nacional de Estadísticas  República Dominicana alberga una población de 10 millones de habitantes, de estos el 10,3% posee algún tipo de ‘condición especial’, lo que supone un total de 1,030 ciudadanos la mayoría en condición de vulnerabilidad y pobreza extrema, como consecuencia de la mala aplicación de las Políticas Públicas por parte de los gobiernos.  

Mientras me lees recuerdo y lloro amargamente a mi amiga y destacada maestra Ana quien falleció, fruto de la negligencia de familiares y las AFPs, porque supuestamente los medicamentos de su enfermedad no se incluían dentro del catálogo de servicios. ¡¡¡Cómo si la salud o el cuidado incondicional se negocian, coño!!!. Sin embargo, no se quejaron cuando le regaló al Estado sus años mozos y a cambio le pagaron con esa moneda sin valor. 

También recuerdo a mi compañero Ángel que ha hecho “de tripas corazón” para poder conseguir una beca con un índice académico perfecto y no ha podido porque la burocracia aquí es una mierda, se premia la mediocridad y se alimenta descomunalmente el espíritu del nepotismo. 

Con una vela, lápiz, y papel en mano recuerdo la promesa hecha por algunos políticos pintados con grafitis y colgados en bayas gigantes que nunca hicieron nada. Muchos, llegados a los estamentos del poder por vía del tráfico de influencias  y el narcotráfico. 

Recuerdo la ‘triple exclusión’ de condición física, sin empleo y la falta de educación.