jueves, 23 de septiembre de 2021


 

Con la misma paciencia con que teje muebles de fibras vegetales desde hace 25 años, Mirna Rivera estudia los requisitos que el gobierno de Cuba aplica desde el lunes a quienes busquen fundar empresas privadas, sopesando si le conviene transformar su hasta ahora próspero negocio familiar.

“Sabemos lo de las pequeñas y medianas empresas, pero no tenemos suficiente información para meternos en una empresa”, comenta Mirna, de 49 años, a la AFP.

Tras años de espera que provocaron incredulidad entre los ciudadanos, el gobierno finalmente puso en vigor las leyes del funcionamiento de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), estatales y privadas, así como las de las cooperativas no agropecuarias, detenidas hace cuatro años.

El lunes se recibieron 75 solicitudes. “Muy buena arrancada”, comentó el ministro de Economía, Alejandro Gil, en Twitter.

Tijera en mano, Elsa -hermana de Mirna- teje cestas mientras Angel La Rosa -su sobrino- usa su destreza y un cuchillo para quitar la cáscara al bejuco de guaniquiqui para luego frotarlo contra el guayo (rallador de cocina).

La fibra de este árbol y alguna madera, son la base de los sillones, mesas, cestas y cabeceras de camas que fabrican.

“Es en familia, aquí trabajamos más o menos como 20 o 25 personas y cada cual trabaja individual, cada cual hace su mueblecito por encargo”, explica Mirna.

A falta de empresas privadas en Cuba, cada uno opera con una licencia de trabajador por cuenta propia.

Viven en cuatro casas contiguas, y vienen de las orientales provincias de Santiago de Cuba y Holguín, donde un tío aprendió las artes del tejido de muebles de un emigrado vietnamita.

Habitan y trabajan en una elevada ladera de la transitada avenida Vía Blanca, que los habaneros llaman “el Malecón sin agua”. Ahí, los transeúntes descubren admirados la hilera de muebles y algunos se detienen a comprar.

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE