martes, 27 de julio de 2021


 

La directiva del Centro de Atención Emaús que aloja y brinda servicios de alimentación a 32 pacientes mentales que deambulaban en la ciudad de Higüey, valoró de manera positiva la decisión de la primera dama, Raquel Arbaje, de asistir a los enfermos en el lugar y agradeció a la dirección del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (Conape) por disponerse a asumir el cuidado de los mismos.

De acuerdo a los responsables, desde hace unos meses, Emaús venía “considerando el cese definitivo de las operaciones del centro debido a las escasas aportaciones y ayudas recibidas para atender a la referida población vulnerable, pese a las constantes diligencias y solicitudes de respaldo hechas a organismos públicos y privados durante más de dos décadas de servicio”.

El siguiente es el documento textual de la institución en reacción al anuncio de su clausura:

“En el año 1998 iniciamos la construcción del centro que albergaría a los enfermos mentales crónicos que deambulaban por las calles de nuestro pueblo de Higüey en el este de la República Dominicana. Había que atender tantos enfermos sin dolientes, que comían basura en los zafacones y tomaban agua de los contenes del pueblo. Varios de ellos, a menudo, sangraban por los golpes abusivos de muchos ciudadanos, supuestamente, sanos.

Luego, con ayuda del, entonces, presidente Hipólito Mejía, logramos concluir lo que nosotros bautizamos como el Hogar para Enfermos Mentales Emaús. Celebramos su apertura formal el 2 de enero de 2002 y, desde aquel momento, hemos trabajado “a mano pelá” por estas personas necesitadas de atenciones especiales y merecedoras de todo el cariño y los buenos tratos de todos.

En todo este tiempo, hemos trabajado para cientos de dominicanos afectados por crisis psiquiátricas, muchos de los cuales lograron integrarse a la vida productiva de la comunidad, tras recuperarse y descubrir los recursos médicos para sobrellevar sus padecimientos.

A otros se les permite entrar y salir del lugar a sus actividades personales, mientras continúan en su proceso de tratamiento en procura de su salud y estabilidad mental. Mientras, un tercer grupo, por su propia integridad y la seguridad de la población deben permanecer en nuestras instalaciones.

A pesar de todo esto, nunca recibimos colaboración alguna de los organismos estatales llamados a atender este tema. Las instituciones públicas higüeyanas tampoco nos dieron la mano en esta sensible labor. Los seres humanos tan necesitados que atendemos sufren semejante indiferencia quizás porque no tienen cédulas y no votan en las elecciones o porque son improductivos.

Aún en medio de la pandemia, también hemos sido víctimas del rechazo de algunos que hasta se han negado a aportar mascarillas y alcohol para nuestros internos, argumentando, con descaro, que los beneficiarios de nuestro centro son de nuestra exclusiva responsabilidad.

Aunque de ello estamos conscientes, transcurridos 21 años ya se nos agotan las fuerzas y la salud para continuar esta obra tan bonita, mientras las contribuciones financieras no dan abasto. Por esas razones hemos estado pidiendo que el Ministerio de Salud Pública tome las riendas de nuestro hogar y, hoy, aplaudimos el hecho de que, por las vías que el gobierno ha considerado convenientes, se avecina una solución.

De todas formas, nos apena bastante esta etapa de transición pues los enfermos mentales son como nuestros hijos, siempre sonrientes, siempre felices, siempre con buen apetito y más agradecidos que muchos en su sano juicio.

Seguimos preocupados porque el país carece, en todo su territorio, de lugares dignos para pacientes de esta naturaleza. República Dominicana ya no cuenta con un hospital psiquiátrico para ocuparse de esta población que es la más sufriente y desposeída del país. La corrupción administrativa nos lastima tanto que también se lleva consigo los fondos con los que se pudo construir un hospital psiquiátrico en cada provincia dominicana.

El respeto y el amor serán siempre la mejor cura para las mentes confundidas de estos humanos tan nobles, para estos dominicanos tan desprotegidos. El cierre de nuestro hogar, como ha sido anunciado, no era nuestra aspiración, si no la decisión de las autoridades. Respecto a ese particular, con todos los respetos, nos permitimos diferir, públicamente.

Gracias a todos los que se han preocupado, nos han llamado y escrito en solidaridad en la víspera del final de nuestros servicios en esta obra humana, social y cristiana.

Gracias a doña Raquel Arbaje, nuevamente, por prestar atención a nuestro clamor. Gracias a todos los que en estos 21 años nunca se olvidaron de aquel humilde “loco” del Hogar Emús. Podemos decir confiadamente que hasta aquí nos ayudó el Señor”.

 

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE