lunes, 7 de junio de 2021


 

Hace cinco años La Barquita era un lugar lúgubre, de amenaza, hacinamiento, de ruidos de mucho movimiento humano de gente que vivía en condiciones indigna, unas 1,400 familias, hoy ese mismo espacio, de unas 15 hectáreas, es un remanso de paz, adornado por frondosos árboles, hábitat de aves, de cangrejos y otras especies.

El vaivén de las ramas verdes de caoba, ceiba, roble palmas, cocos y otras plantas frutales y ornamentales y maderables evoca nuevos tiempos y del cuchicheo de la gente, de las peleas, de la constante bachata y dembow se pasó a la paz... el canto de las aves es lo que se escucha en primer plano y a lo lejos el motor los vehículos que transitan por el puente cercado.

Por los copiosos tallos de los árboles se alcanza a ver el río Ozama, que en esta ocasión, y porque en estos días le llueve en su cabecera, abrazó con sus aguas el terreno antes ocupado por humanos, dando vida a especies acuíferas y de beber a los árboles, principal motivo de su crecimiento saludable y vertiginoso.

Este parque fluvial La Barquita, iniciado durante el gobierno de Danilo Medina, cada vez tiene forma, pero los trabajos, aunque marchan, lo hacen lentos. Falta terminar obras de infraestructuras por parte de la Unida para la Readecuación de la Barquita y Entorno (URBE) que construye al menos tres sistemas de tratamiento para aguas residuales a fin de evitar que las cuatro cañadas descarguen directamente en el río.

La parte de la vegetación ha estado a cargo del Jardín Botánico que ha sembrado más de 22,000 plantas de diferentes especies, la mayoría endémicas, algunas ornamentales y se incluyen también plantas acuáticas que fueron trasladadas de distintas regiones para ambientar este espacio lo más parecido a lo que era originalmente.