viernes, 5 de marzo de 2021


 

Hace cuatro años no se daban abasto. En la casona que alberga la marca de ropa “Clandestina”, en pleno corazón de La Habana Vieja, todo era un abrir y cerrar de puertas, con extranjeros que escogían bolsas, sudaderas y gorras entre anaqueles y ganchos.

Hoy, los estantes con ropa y accesorios aguardan por algún esporádico comprador. Aquel bullicio es el eco de un pasado brillante que fue posible en buena parte por el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Washington y el consecuente arribo masivo de viajeros, sobre todo estadounidenses...hasta que llegó Donald Trump.

Como otros miles de pequeños negocios que se beneficiaron del acercamiento con Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama, Idania Del Río y Leire Fernández, las dueñas de “Clandestina”, fijan la esperanza de un nuevo futuro —para ellas y la isla— con Joe Biden, quien prometió revertir las restricciones impuestas por su antecesor.