jueves, 11 de febrero de 2021


 

Cuando los generales en Myanmar dieron un golpe de Estado la semana pasada, cortaron brevemente la conexión a internet en un aparente intento de frenar las protestas. En Uganda, los usuarios no pudieron acceder a Facebook, Twitter y otros medios sociales durante semanas tras las elecciones. Y hace meses que no se puede navegar por internet en la región de Tigray, en el norte de Etiopía, sumida en un conflicto armado.

En todo el mundo, cortar el acceso a internet se ha convertido en una táctica cada vez más popular de regímenes represivos y autoritarios, y de algunas democracias poco garantistas. Los grupos de derechos digitales señalan que los gobiernos utilizan estas medidas para sofocar la disidencia, silenciar a la oposición o tapar abusos de derechos humanos, imponiendo preocupantes restricciones a la libertad de expresión.

Los regímenes suelen cortar el acceso a internet en respuesta a protestas o disturbios civiles, especialmente en periodos electorales, en un intento de mantenerse en el poder restringiendo el flujo de información, según los investigadores. Es el equivalente digital de tomar el control de las cadenas locales de radio y televisión, que formaba parte del manual de déspotas y rebeldes.