martes, 19 de enero de 2021


 

La desesperanza y los intensos estresores nos pueden llevar a un punto de quiebre o de ruptura del ego

La vida se ha vuelto impredecible con el COVID-19. La incertidumbre social y económica, la ansiedad y el miedo al contagio se han convertido en estresores de largo plazo a un nivel de llevar a muchas personas a un punto de quiebra mental o “breaking point”. Los que llevan la peor carga son los médicos y enfermeras, abrumados por la ola de enfermos y las decisiones de quien vive o muere, y algunos han apelado al suicidio en varias partes del mundo. Mientras millones de personas lidian diariamente con los efectos psicológicos de la “nueva normalidad”: encierros, cero vida social, pérdida de ingresos; los síntomas más habituales entre la población mundial son la depresión, la ansiedad, el miedo al contagio, el insomnio, la soledad y el trastorno del estrés post-traumático, y no menos importante la pérdida de empleos.

Acerca de este tema particular nos habla el psiquiatra José Ismael Reyes Nouel, fundador y director de la clínica Reno, quien asegura que aunque no esté escrito, en psiquiatría existen signos vitales tal y como existen en materia de fisiología orgánica.

“Tengo mi percepción en este sentido, aunque no está escrito, para mi uno de los principales signos vitales en psiquiatría es el sueño. Existe una escala, los adultos debemos dormir alrededor de 8 horas”, explica.

Otro signo vital en psiquiatría lo constituye el apetito. “El hecho de que una persona no tenga apetito constituye un signo vital importante en la parte mental, también la atención que la persona tiene en todo lo que hace. El pensamiento lógico y la actividad motora, también lo son”, abunda Reyes Nouel.

Otro signo a tomar en cuenta es la eutimia (estado de ánimo tranquilo), un signo vital psiquiátrico que cuando está alterado hay que buscar un diagnóstico, indica. Este puede verse afectado, ya sea por trastorno del estado de ánimo bajo o depresivo o porque el estado de ánimo ha subido, está irritable o exaltado.
“Si ves que un signo vital está afectado debe uno evaluar e indagar, para ver qué hay detrás de la alteración”, reitera el galeno.

También destaca, dentro de los signos vitales, lo más severo que puede ocurrir. “Hablando de funcionamiento, de algo estructural, lo más severo es cuando hay un daño mínimo cerebral, una alteración de la célula (neurona). Ahí es más profundo, se trata de algo orgánico, cerebral”.

A su juicio, es importante la atención, la memoria, el cálculo, el juicio y la lógica razonable que tiene cada individuo. “Obviamente cuando hay una ruptura mental, un ‘breaking point’, muchos de estos signos vitales psiquiátricos se alteran. De un simple estado de animo de ansiedad, de angustia, de tristeza, llanto, frustración, puede llegarse hasta la suicidalidad”, advierte el profesional de la conducta humana arrojando así una idea de lo importante que es abordar a tiempo cualquier disfuncionalidad en los signos vitales psiquiátricos.

Los eventos psicológicos que ocurren en el diario vivir van creando en la mente humana un estado químico que se va a traducir en un estado mental, explica Reyes Nouel.

Hoy, desde que salimos de la casa tenemos que pensar en protegernos para evitar el contagio.“ Desde que uno se levanta hasta que se acuesta, estamos en un estado de miedo que crea desesperanza, ansiedad, angustia e incertidumbre. Todos estos elementos van creando un estado químico de estrés en cada ser humano que determinará, quizás, que en la noche no duermas bien o que si duermes no vas a tener la estabilidad ni la tranquilidad de emociones de un estado de normalidad, lo que resulta desesperante”, subraya el galeno.

Asegura que el estado químico cerebral responde diferente dependiendo de las motivaciones y estímulos que el cerebro de cada quien tenga cada día.

“Al estado emocional que vivimos en estos momentos de pandemia, súmale todo lo que tenemos a diario, aparte de la amenaza de vida por el contagio que pueda haber y la cantidad de horrores que están pasando los médicos, y las enfermeras que están en contacto con estos pacientes que se están muriendo y, que en ocasiones, tienen que decidir quién va a morir”, se lamenta el doctor.

Sostiene que la desesperanza que se está viviendo y los intensos estresores que se están padeciendo, muchas veces nos pueden llevar al “breaking point” o punto de ruptura de nuestro ego.

“Y el ego puede romperse desde un simple arrebato de rabia, de grito, de llanto, hasta un momento en que esos estresores te crean un sentimiento de completa incapacidad de tolerar, llevándote a circunstancias como el suicidio” apunta Reyes Nouel.

“De hecho, ya se ha revelado que enfermeras y médicos que han estado viviendo la miseria de pacientes que están muriendo no han podido tolerarlo y, como no han visto solución a lo que está pasando, han decidido suicidarse”, sostiene.

La máxima respuesta de un quiebre mental, explica el galeno, es que no veamos solución a las situaciones que vivimos, nos invade la desesperanza generando la suicidalidad.

“Si a las amenazas generales les sumamos las amenazas individuales, es lo que podemos llamar la máxima experiencia vivida de un paciente del quiebre mental. Es la ruptura del ego al no poder mantener el equilibrio con la cantidad de estresores que está padeciendo”, enfatiza.

Dice que cuando los eventos psicológicos generan cambios en el sistema orgánico, los neurotransmisores cerebrales se ven afectados.

Por ejemplo, cuando se altera el cortisol, hormona que tiene que ver con el estado anímico “se genera en nosotros el miedo, la tristeza, la falta de apetito, signos vitales del estado mental…”.

La actividad motora disminuye, la concentración baja, el contacto con la realidad se va deteriorando y se pierde el ego.

“Entramos en un estado de psicosis y alteramos los conceptos, mal interpretamos la realidad y todo esto te lleva a la ruptura de tu estado mental con la consecuente experiencia de no querer vivir y crear el suicidio”, concluye el galeno.

 

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