miércoles, 28 de octubre de 2020

Desde insultos hasta batallas legales, llegando a amenazas de recortes presupuestarios, la relación de amor y odio de Donald Trump con su Nueva York natal se ha convertido en una de desprecio mutuo después de cuatro años en la Casa Blanca.

Con su reelección en juego en menos de una semana, el candidato republicano se mantiene al ataque en este bastión demócrata, aunque casi sin chances de ganar.

“Nueva York, California, Illinois. La gente está HUYENDO. Los impuestos y el crimen por las nubes. VOTE TRUMP. Lo voy a cambiar y ¡RÁPIDO¡”, tuiteó el lunes.

Un día después, el presidente, que fue abucheado cuando votó en Manhattan en 2016, insistió en Twitter: “Nueva York. Vota por Trump. ¿Qué (¡diablos¡) tienes que perder?”.

“Miren a Nueva York y lo que ocurrió en mi maravillosa ciudad. La amé durante muchos años, era vibrante. Está muriendo. Todos dejan Nueva York”, dijo.

El alcalde izquierdista de Nueva York le respondió: “La única ciudad fantasma será Mar-a-Lago, donde te retirarás forzado después de las elecciones”, tuiteó en alusión a la residencia de Trump en Florida.

En las redes sociales, los residente de Nueva York publicaron imágenes de calles atestadas y memes ridiculizando la afirmación de que es una “ciudad fantasma”.

“En esta ciudad es odiado por mucha gente, excepto, quizás, por quienes tienen más dinero”, dijo Susan Levein, una jubilada de 74 años después de votar anticipadamente por Biden.

Represión de la inmigración

Primer presidente nacido en Nueva York desde Theodore Roosevelt a comienzos del siglo pasado, Trump tiene simpatizantes en la ciudad.

Están en Staten Island y en varias zonas de Queens y Brooklyn. Su política proisraelí lo hizo popular en las comunidades de judíos ortodoxos y lo apoya el principal sindicato de policías.

Pero las encuestas estiman que será abrumadoramente derrotado en su ciudad natal, donde en 2016 el 79% de los votos fueron para la demócrata Hillary Clinton.

Trump tiene su nombre en numerosos rascacielos y hoteles pero jamás fue querido por la élite de Manhattan pese a ser un magnate de los bienes raíces, según el experto en marketing Kenneth Scarlett.

“Aquí la clase liberal siempre consideró sus edificios como llamativos y aparatosos”, dijo a la AFP.

Matt Eldridge, un economista de 33 años de Manhattan, señala: “Su presidencia es la antítesis de lo que apoya Nueva York, que es apertura a gente de todos los orígenes que trabajan junta por el bien común”.

Las disputas entre Trump y Nueva York son profundas.

Poco después de entrar a la Casa Blanca en enero de 2017, Trump emprendió operativos contra migrantes irregulares, lo cual fue considerado una afrenta en la gran ciudad cosmopolita, cuya Estatua de la Libertad honra a los llegados de otras tierras.

Nueva York y otras urbes demócratas se declararon ciudades “santuario” y rehusaron colaborar con la policía de inmigración.

El gobierno de Trump contragolpeó anunciando el retiro de algunos subsidios federales, lo que desencadenó un largo pleito.

Con la acumulación de controversias, las visitas de Trump a Nueva York se tornaron breves y ocasionales. Prefirió sus clubes de golf del vecino estado de Nueva Jersey a su domicilio en la Trump Tower, en la Quinta Avenida, el lugar preferido de sus detractores para protestar en su contra.

La pandemia, que en primavera hizo estragos en la ciudad, exacerbó las tensiones mientras los líderes demócratas resistían las exhortaciones de Trump a reabrir las actividades económicas.

“Amante rechazado”

Durante meses, tanto De Blasio como el gobernador del estado, Andrew Cuomo, pidieron en vano fondos federales para cubrir su falta de dinero que amenazaba el funcionamiento de servicios públicos.

Si Trump gana un segundo mandato, es probable que la pelea presupuestal se intensifique.

El presidente incluyó en septiembre a Nueva York entre las ciudades consideradas “anarquistas” tras el brote de asesinatos y tiroteos que siguieron a las protestas contra la brutalidad policial tras la muerte de George Floyd en mayo.

En respuesta, Nueva York demandó al gobierno de Trump por la medida, lo que podría costar a la ciudad la pérdida de 7.000 millones de dólares de fondos federales.

Con tanta animadversión, pocos creen que Trump vuelva a Nueva York si pierde la Casa Blanca.

Por lo pronto, Trump cambió su domicilio a Florida en noviembre del año pasado y votó en ese estado clave el sábado.

“Es como un amante rechazado. Quiere la adulación de Nueva York y nunca la consigue. De manera que dice: ‘de todas formas nunca la quise’”, comentó Scarlett.

 

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE.