martes, 6 de octubre de 2020


 

Los indicadores de salud mental señalan que la consulta por reacción ansiosa adaptativa ha subido más de un 70 por ciento, así como los indicadores de suicidio en más de un 15 por ciento, significando que la desesperanza, respecto al nuevo modelo de vida, que ha supuesto la pandemia de la COVID-19, es absolutamente desfavorecedora para todo lo que significa la salud mental.
“Estos indicadores se evidencian más en personas de la tercera edad, que como resultado de todo esto, viven en un momento de desesperanza sostenida. Uno de los puntos de diana más neurálgicos tiene que ver con la adolescencia, esta escolaridad que de repente se ha visto reprimida, enclaustrada y sin las posibilidades de recreación que tenían en el concepto de vida anterior a la pandemia hace unos seis meses”, explica el psiquiatra Antonio Del Orbe, al ser consultado por elCaribe sobre las consecuencias a nivel de salud mental que ha sucedido a partir de la pandemia que se vive ya desde hace medio año.

“Decía San Agustín que no había peor cosa que vivir sin esperanza. La desesperanza es quizás la causal mayor para que de alguna manera se sirva la población y pierda el concepto de salud. Yo pienso que uno de los grandes problemas ha sido esta inducción al miedo; esta paranoia inusitada que de alguna manera vemos sostenidamente en toda la población”, comenta Del Orbe.

Sostiene que mundialmente, desde la Segunda Guerra Mundial no habíamos visto niveles de paranoia inducida tan graves, “tenemos una población mundial sumergida en una de las peores ideas paranoides del año que ha habido en toda la humanidad”.

A entender del galeno, esta es la segunda gran pandemia que estamos vivenciando en este momento.“Tenemos gente con trastorno de pánico, de ansiedad, gente desbordada, que no podrá tomar decisiones; que dejará de salir a la calle definitivamente y que verá el estado de ansiedad generalizada como un modelo de vida”, resalta el galeno, y comparte que todo esto nos lleva mucho más allá que la posibilidad de sufrir y padecer la misma enfermedad de la COVID- 19.

“Digámoslo de una manera más científica: una pandemia viene de la mano de la otra, subyace; la soterrada es la peor que hemos tenido en todos los tiempos”, recalca Del Orbe.

“Pienso que la gran solución es pensar esto antes de que comience a ser un estallido, porque la salud mental es responsabilidad de todos, no solo de las autoridades, sino de nosotros como población”, subraya el psiquiatra.

Hay que idear una manera de ejercitarse y crear unas condiciones para que esto pueda ser solventado, sugiere.

Asegura que tenemos más casos de suicidio, de reacción ansiosa depresiva y de ansiedad generalizada de los que nunca habíamos visto. “Este es el momento para activarse; incluso gente que están en plan de retiro debe colocarse de nuevo en lugares de fácil acceso donde esta población pueda encontrar ayuda oportuna y profesional, sobre todo, en esta situación que estamos viviendo”, apunta.

El punto de vista de Jessica Valdez, psicóloga clínica, terapeuta de familia, pareja y sexual, es más alentador. Ella considera que no todo es malo y que de situaciones como la que estamos viviendo muchos salen fortalecidos y otros tantos se reinventan, porque cuando no nos movemos nosotros, la vida se ocupa de hacerlo.

“Llevamos tiempo sintiendo que tenemos una especie de GPS para la vida, creyendo que tenemos todo previsto y que sabemos por dónde ir. Esta ‘certidumbre’ nos hace sentir tranquilos y seguros. De repente, llega un acontecimiento que nos obliga a replantearnos la vida y nos damos cuenta de que esa seguridad es solo una ilusión; se nos olvida que lo único constante es el cambio y nos sentimos abrumados ante la incertidumbre”, manifiesta Jessica.

Entiende que ya es tiempo de aprender a vivir con esto. “Es tiempo de ver y de valorar nuestro aprendizaje, nuestra fortaleza y entereza, los afectos, aquello que nos ha hecho seguir en pie, valorar a quienes han permanecido a nuestro lado, a quienes no han permitido que sucumbamos y a valorar todo lo que hemos ganado”.

En estos meses, la psicóloga ha recibido pacientes con diversas manifestaciones entre ellas ansiedad, miedo, incertidumbre, angustia, tristeza, depresión, pensamientos suicidas, etc.

“Lo que estamos viviendo nos sacó de la zona de confort. La vida nos ha cambiado. No todo ha sido para mal. En mi consulta he visto pacientes que no se reconocían a sí mismos, porque nunca habían compartido tanto tiempo con los hijos, tampoco habían tenido que llevar la casa en primera persona y esto les ha llevado a reconocer sus emociones a saber que esto es parte de. Sentir estas emociones ayuda a reencontrarse. Nosotros les ofrecemos las herramientas, los recursos para lograr sus propósitos y está funcionando. Estamos viendo resultados”, asevera la psicóloga.

Otro aspecto positivo que ha surgido a partir de la pandemia es el hecho de reinventarse dice Jessica “ya que mi realidad de vida cambio, busco hacer algo productivo, distinto. Aprendemos a no aferrarnos a nada porque cuando no nos movemos la vida nos mueve, eso genera un renacer. La mayoría de veces sabemos lo que nos va a ayudar lo que no sabemos es el cómo”, indica.

Es clara y precisa al decir que la COVID-19 puso de manifiesto muchas cosas en la vida de pareja “no trajo problemas de pareja, esos problemas estaban ahí desde antes, estaban latentes y salieron a la luz, igual que aquellos que estaban bien, han seguido bien y por eso han podido seguir caminando”.

Muchos de los pacientes que acuden a su consulta dentro de la pandemia son nuevos “con la situación han entendido que solos no pueden y han recurrido a la ayuda profesional. Eso es esperanzador, te indica de que sí se puede mejorar. He tenido pacientes que han crecido, han evolucionado en medio de esta situación, repito, no todo está siendo negativo”.

Precisa que la pandemia no es lo peor que nos ha pasado “ha sido difícil, pero no ha sido lo peor. He visto personas experimentar abandono, pérdida de personas queridas, ruinas económicas y, aun así, han salido adelante. Todos tenemos algo en nuestra historia que nos ha dolido y, a la vez, nos ha hecho fuertes y valientes. Crecer duele, es un aprendizaje. De la COVID-19 hemos aprendido muchas cosas y seguiremos aprendiendo.
También hemos tenido un crecimiento, no se cambia de la noche a la mañana porque los cambios grandes no existen, lo que existen son pequeños cambios que generan grandes cambios”, subraya Jessica.

 

 

CREDITOS AL CARIBE