lunes, 14 de septiembre de 2020


 

La campana llamando a clases a los niños de Codogno marcó el lunes el regreso a la escuela por primera vez desde el 21 de febrero, cuando padres aterrorizados fueron a buscar a sus hijos en esta ciudad del norte de Italia que ganó notoriedad por registrar la primera transmisión local de coronavirus de Occidente.

Si bien todos los estudiantes sufrieron un estricto confinamiento de dos meses y medio en Italia, el trauma fue peor para los de Codogno, cuyos días estuvieron marcados por el sonido de ambulancias.

“Muchos perdieron a sus abuelos”, dijo Cecilia Cugini, directora de la red de guarderías y escuelas primarias de Codogno.

Si bien la reapertura de las escuelas es un paso importante en al regreso a la normalidad, tiene un significado más grande en las 11 ciudades de la Lombardía y el Véneto que fueron las primeras aisladas por el coronavirus.

El alcalde de Codogno Francesco Passerini dijo que esta ciudad de 17.000 habitantes casi no registra contagios desde hace meses, pero las autoridades no se confían. Dicen que se han hecho todos los esfuerzos posibles por proteger a los 3.500 alumnos.

“Esperamos que todo salga bien y que todo lo que hemos vivido pase a ser un recuerdo”, dijo Passerini.

En Codogno, se toma la temperatura a los niños en las entradas de las guarderías pero no se les exige que usen tapabocas. En las primarias y secundarias sí deben usar barbijos y se pide a los padres que se aseguran de que los alumnos no tienen fiebre. Durante las clases, los jóvenes pueden bajarse el tapabocas si hay suficiente distancia entre ellos. Si no hay distancia, los más grandes deben tener el tapabocas todo el día.

Las escuelas de todo el país se las han visto en figurillas para encontrar más espacios para dar clases, incluso en los oratorios de las iglesias o ampliando las instalaciones. Por años se han ido recortando los presupuestos de los servicios escolares y los edificios están muy venidos a menos. Por ello, las autoridades escolares aprovecharon la emergencia para encarar mejoras y reparaciones, lo que en algunos casos obliga a demorar la reapertura.

Los estudiantes, todos con barbijos, esperaron en las entradas de las escuelas, en espacios designados con cintas adhesivas rojas. Dos escuelas dictarán algunas clases en otros sitios porque no tenían espacio suficiente para mantener distancias. “A los padres no les gustó mucho la idea, pero hay autobuses escolares que llevarán y traerán a los niños”, dijo Cugini.

La secundaria recibió 230 escritorios nuevos asignados por el gobierno. Cugini dijo que reemplazarán a los viejos, que eran mucho más grandes y no permitían mantener distancias. Las clases de arte y tecnología, que requieren más espacio, se harán en un auditorio.

La ciudad reparó el techo de la secundaria y mejoró los baños.

“Este es un momento emblemático para nosotros”, dijo Cugini. “Es importante crear una atmósfera en la que los estudiantes puedan experimentar la emoción de regresar a la escuela, con sus compañeros y sus maestros, sin ser distraídos por otras cosas”.

Las hijas de María Cristina Baggi, de cuatro y 10 años, no se compraron mochilas nuevas. Las viejas estaban en buen estado dado que no fueron usadas durante cuatro meses por la pandemia. Pero estaban embargadas por la emoción por el reencuentro con sus compañeras a pesar de la posibilidad siempre latente de que haya un nuevo brote del virus.

Hay muchas reglas nuevas acerca de cómo comportarse en clase. Y también incertidumbres.

“No sabemos cómo reaccionarán cuando alguien empiece a toser. Ese es el gran interrogante”, dijo Baggi.

 

 

CREDITOS A DIARIO LIBRE