miércoles, 23 de septiembre de 2020


 

Lágrimas de dolor e impotencia cubrían el rostro de María Altagracia Encarnación Castillo, quien corrió el lunes hasta donde se encontraba el presidente de la República, Luis Abinader, para que sin ser Dios, escuchara sus súplicas y le ayude a que no despojen a su familia de sus terrenos con vocación turística en Las Terrenas, provincia Samaná.

Encarnación Castillo dejó de hacer desayuno a sus hijos y nietos en el Limón para acudir al lugar donde estaba el jefe de Estado, ya que ella y sus hermanos tienen más de 42 años peleando para que a ellos se les reconozca su derecho en unas 120 tareas de terrenos ubicadas en el sector la Barbacoa a unos nueve kilómetros de la playa El Rincón.

“En el Limón de Samaná, hay mucha gente que tenemos nuestros terrenos, herencia de nuestros padres y los jueces ahí en Samaná y en la capital y en todas partes, y San Francisco de Macorís, se venden”, contó con impotencia y con las manos al cielo, en referencia a que la corrupción y complicidad para despojarlos de sus tierras también involucra a jueces.