miércoles, 23 de septiembre de 2020


El inicio del año escolar, bajo la modalidad virtual, anunciado para el 2 de noviembre por el ministro de Educación, Roberto Fulcar, representa retos y afronta dificultades sin precedentes para los hogares dominicanos. El contexto nacional en que iniciarán las clases, que según se ha declarado será bajo la modalidad no presencial, promete exponer de forma mucho más dramática los profundos niveles de desigualdad social y de oportunidades asimétricas de los hogares dominicanos.

Bajo el hipotético escenario de que esa modalidad se prolongue en el tiempo como resultado de la evolución de la pandemia del COVID-19, también se podría profundizar aún más de lo que ya es común una mayor diferenciación en la calidad de la educación, dependiendo de los recursos disponibles en los hogares.

Al asumir este reto, es posible que se amplíe lo que ya antes era una desventaja en la calidad de la educación que secularmente afecta a los hogares más humildes o con mayores cantidades de hijos enfrentan obstáculos. En ese resultado promete influir la ineficiente calidad de los servicios de la energía eléctrica, la conexión de internet o el déficit de los equipos necesarios como son los computadores, laptops, televisión o receptores de señales de radios. Y hasta el del esporádico servicio del agua potable en muchas de las zonas empobrecidas, por lo visto.

La decisión del Gobierno de optar por la modalidad virtual de la educación sería la respuesta frente a una fuerza mayor: la pandemia del COVID-19. Llegada desde el otro lado del mundo, en marzo del presente año cruzó las costas del país y desde entonces continúa cobrando su cuota creciente de enfermos y muertes. Al 20 de noviembre, República Dominicana ha acumulado 107,700 casos de contagio, siendo causa de 2,047 fallecimientos.