sábado, 22 de agosto de 2020

De entrada, el inicio del año escolar se pospuso. La inesperada suspensión de la presentación del Plan Nacional de Educación, en la que se darían los detalles de la modalidad de la docencia en medio de la pandemia del COVID-19, no deja espacio a que los distintos actores del sector puedan empezar las clases este lunes 24 de agosto, como lo estableció el Consejo Nacional de Educación en mayo pasado.
Justo el lunes es la nueva fecha que informó el Ministerio de Educación (Minerd) para la presentación del su plan y dar las directrices que hagan posible el inicio del Año Escolar 2020-2021 en medio del COVID-19, enfermedad que mantiene una alta incidencia de contagios y muertes en el país, desde que en marzo pasado se detectó el primer caso al diagnosticar a un turista italiano.
A medida que aumentan los contagios de la enfermedad, que ya sobrepasa los 89,000 mil casos positivos y las 1,500 muertes en el territorio nacional, también crece la incertidumbre de padres y docentes sobre la suerte que tendrá el nuevo ciclo.
El “tapabocas” sobre el plan a seguir, luego de que el ministro de Educación, Roberto Furcal, aseguró en varias ocasiones, incluso antes de su juramentación el pasado 16 de agosto, que ya tenía una propuesta definida, esparce más nebulosa sobre el panorama educativo.
Para padres como Alberto Brito, con tres hijos que van a dos colegios distintos, la indefinición le genera incertidumbre, impotencia y temor.
Al inicio de la cuarentena por el coronavirus, él y su esposa iniciaron el teletrabajo y podían turnarse para acompañar a los niños mientras hacían sus clases virtuales. Pero a la fecha, ya su esposa debió reintegrarse de manera presencial y, de vez en cuando, a él le requieren presentarse a la oficina.
“El dejar para último momento la información del método que se utilizará en el año escolar me ha generado impotencia por no poder tomar decisiones con tiempo, incertidumbre y estrés porque tendré que tomar en corto tiempo medidas que demandarán inversión de recursos, y temor, por la eventualidad de que alguno de los niños tenga que exponerse al menos dos veces por semana asistiendo a clase de modo presencial”, expresa.
Brito siente un poco de tranquilidad por el hecho de que el presidente Luis Abinader dejó entrever en su discurso de toma de posesión que será difícil empezar con clases presenciales, pero la virtual también implicará ajustes en el seno de la familia.
Los ajustes para la virtualidad implican asegurar un equipo electrónico para cada uno de los niños, dice, pues no podrán trabajar a modo de contingencia como al final del año anterior, sino someterse al método extraordinario establecido para un programa y un horario ordinarios, regulares.
“Con ello, debo asegurarme un servicio de internet más eficiente que el que tengo ahora, además de habilitar un espacio en la casa para que ellos (los hijos) puedan conectarse a clases en condiciones adecuadas de luz, sonido y comodidad”, dice.
“Pero ahí entra en juego otra variable: Si regreso al trabajo presencial, ¿quién los acompañará, sobre todo a los más pequeños, con la recepción de las instrucciones que les pasan en línea desde la escuela o con cualquier problema técnico o de conexión que se les presente?”, añade.
Si la docencia fuera presencial, la angustia de Brito es mayor, cuenta, porque la preocupación por un posible contagio será constante y le obligará a tomar decisiones respecto al transporte. “Si el mayor de los muchachos regresaba en transporte público de su colegio ya no me sentiré cómodo sabiendo que lo hace así y posiblemente tenga que gestionarle un servicio privado”. Cada uno de estos aspectos generan una medida que significa dinero del presupuesto familiar.
Las preocupaciones de Brito reflejan las de miles de familias que matriculan a los 3 millones de estudiantes que, hasta el Año Escolar 2019-2020, conformaban la población estudiantil dominicana en sus distintos niveles de Inicial, Básica y Media.