lunes, 13 de julio de 2020

Antes de la pandemia una morgue en Bolivia recibía unos tres cuerpos sin vida a la semana, pero ahora llega a acumular hasta treinta, teniéndolos que dejar algunos en el suelo.
'Está bien saturado, estamos recibiendo también las personas que mueren en la calle o en su domicilio', relata a Efe Carlos Faustino Tapia, que a sus 32 años lleva desde adolescente trabajando en una morgue de la ciudad boliviana de Santa Cruz, la más golpeada por la COVID-19 en Bolivia.
'Está duro el trabajo', comenta mientras coloca junto con un compañero uno de los cuerpos en un plástico negro, que cierran hermético y sobre el que pegan un papel con los datos que identifican al fallecido en la morgue del hospital municipal Pampa de la Isla.

CREDITOS  A DIARIO LIBRE