viernes, 7 de febrero de 2020

Las clases estaban a punto de comenzar cuando un padre paró su auto junto a la glorieta en la que Nydsy Santiago atendía a sus alumnos y la llamó a un costado.
Le preguntó si podía admitir a su hija en su clase. Santiago, apesadumbrada, le dijo que no, que sólo estaba autorizada a sus 23 alumnos de los más de 194,000 no pueden ir a la escuela desde hace un mes porque un terremoto de magnitud 6.4 afectó el sur de la isla y obligó al gobierno a cerrar permanentemente decenas de centros educativos públicos.
“Espero que esto se normalice para todos”, le dijo Santiago mientras recogía papeles que se llevó el viento una mañana reciente.
Pocos piensan que eso va a suceder. Las clases debían comenzar el 9 de enero. Si bien 331 escuelas pudieron abrir tarde como consecuencia del temblor, el 61% de las 856 escuelas públicas de la isla siguen cerradas y cada vez más gente responsabiliza al Departamento de Educación por ello.
Mercedes Martínez, presidenta de la Federación de Maestros de Puerto Rico, dijo que es inaceptable que no se hayan encontrado alternativas para los chicos que asisten a las 525 escuelas que siguen cerradas. “El gobierno de Puerto Rico ha sido totalmente negligente desde un inicio”, manifestó. “No han sido ágiles. No han sido estratégicos. No tienen un plan para el reinicio del semestre a estas alturas”.
La situación hace que muchos chicos reciban clases en sus casas y que algunos maestros como Santiago se ofrezcan como voluntarios y encuentren sitios al aire libre donde dictar clases con el visto bueno de los padres. Santiago empezó a buscar un lugar donde dar clases después de que 19 de 23 padres reaccionasen entusiastamente con emojis cuando planteó la idea el mes pasado en un grupo de Whatsapp.
Santiago dio vueltas por la ciudad y consideró dictar clases en un parque vecino, hasta que divisó los columpios y los bancos de cemento. Decidió instalarse en la glorieta cerca de una pista atlética municipal. Las autoridades municipales le suministraron mesas y sillas de plástico e instalaron cortinas blancas para bloquear el sol. Las cortinas volaban sobre las cabezas de los chicos esta semana mientras pintaban, alejaban nubes de mosquitos entre risas y apuntaban hacia un helicóptero militar que sobrevolaba la zona.