viernes, 7 de febrero de 2020

Jerri Miguel Mejía Cruz, fue diagnosticado con trastorno de espectro autista (TEA). Siendo bebé, su madre, Yisel Cruz, supo lidiar con la cotidianidad de esta situación, pero a los diez años, empezó a presentar un comportamiento autolesivo, situación que la tiene en estado de desesperación.
“Yo tengo mucho miedo de que un día se haga tanto daño que termine muerto”, dice Cruz.
Cuenta que Jerri puede pasar hasta cinco minutos autolesionándose y repetir la acción de tres a cuatro veces al día.
Se trata de un comportamiento autoinfligido que le ha desfigurado la cara, los brazos y otras partes del cuerpo. La gravedad de esta conducta impide que vaya a la escuela o reciba terapias.
“Se da golpes en la cabeza, tirones de pelo, arañazos, mordeduras e incluso se lacera los ojos”, cuenta la madre.
Cruz también ha llegado a recibir golpes, arañazos y mordidas por parte de su hijo.
Debido al tiempo que Jerri lleva en terapia y con medicamentos, incluso antipsicóticos, estos ya no le hacen ningún efecto.
“Mi hijo ha estado interno varias veces el Hospital Infantil Santo Socorro, pero allá los psiquiatras han recomendado que sea sometido a radiocirugía”, cuenta.
Los médicos le han garantizado a Yisel Cruz que este procedimiento podría modificar el comportamiento agresivo de Jerri; sin embargo, a esta madre le ha sido imposible costear este procedimiento y el seguro médico no lo cubre.
El presupuesto total para que se le realice esta operación es de 550 000 pesos, una suma inalcanzable para ella, motivo por el cual están solicitando ayuda para poder someterlo al mismo antes de que sea demasiado tarde.
Situación económica. Desde que Jerri fue diagnosticado, Yisel Cruz dejó de trabajar para dedicarse a cuidarlo. Ellos residen en una vivienda propia, pero en condiciones muy desfavorables; solo recibe 4000 pesos mensuales de manutención por parte del padre del menor para cubrir todos los gastos. “Recientemente deposité todos los papeles en la Fiscalía a ver si pueden lograr que el papá aporte un poco más”, dice, y agrega que tampoco reciben su apoyo emocional.
Todo se ha complicado. Jerri Miguel dejó de asistir a la escuela a los 11 años, y ya tieen 17; también dejó de recibir terapias de la Fundación Manos Unidas por Autismo, debido sus fuertes niveles de agresividad, situación que ha provocado cuadros depresivos en su progenitora, quien tiene que enfrentarse a esta realidad sola.
“Yo lo que hago es echarme a llorar cuando veo a mi hijo en esa situación y me da miedo de que un día se me muera”, dijo desorientada.
Clama por ayuda. “Yo le pido a todas las personas y representantes de instituciones, que me ayuden a solucionar esta situación”, solicita.
Las personas interesadas en colaborar con ella pueden hacer donativos a través de la cuenta 9601839280, del Banco de Reservas o mediante la Fundación Manos Unidas por Autismo, institución que hasta el momento le ha extendida la mano, llamando al teléfono (809) 595-3163.