lunes, 10 de febrero de 2020

“Repíteme la cifra, por favor”, pide Jaime Orta, cuando escucha la cantidad que habrá de recibir, si las cosas no cambian, en el momento que decida jubilarse.
Se le repite el monto: 5 mil 830 pesos mensuales, poco más de 27 por ciento de su salario de cotización actual. Él se inclina a ver la pantalla, para ver si más cerca la cifra cambia.
Jaime estudió Administración y trabaja en el área de contabilidad de una empresa de productos plásticos. Tiene 31 años y los últimos ocho ha cotizado al Seguro Social y a su Afore, la cual administra Citibanamex. También es uno de los jóvenes millennial ‘afortunados’: al menos recibirá una pensión, y una mejor que la de la mayoría de las personas entre 21 y 36 años que laboran en la formalidad.
“No he ahorrado por mi cuenta para el retiro”, confiesa. “Tampoco creo que por el momento me alcance para empezar a hacerlo desde ahora”.
Como cualquiera, Jaime tiene sueños: quiere mudarse a un departamento más grande ahora que su novia vive con él, quiere conocer India y Sri Lanka, le gustaría comprar una televisión más grande y tener un trabajo que le pague más. En el retiro no piensa demasiado, son 34 años al menos los que seguirá ‘chambeando’ y en el camino, estima, algo pasará que le solucione ese dilema.
No es el único que piensa así. Una encuesta realizada por la Asociación Mexicana de Administradoras de Fondos para el Retiro (Amafore) y la firma Buendía & Laredo arrojó que los jóvenes entre 18 y 40 años simplemente no están tan preocupados de su jubilación. Un 56 por ciento de los entrevistados afirmó que en el momento de su retiro algún familiar, principalmente los hijos, se hará cargo de ellos, 40 por ciento respondió que no requerirán de nadie y el 4 por ciento restante simplemente no supo qué contestar.
Tan solo 15 por ciento afirmó que se mantendrá de sus ahorros, 14 por ciento planea hacerlo con su pensión y un 3 por ciento adicional tiene fe en que el gobierno velará por ellos en su vejez.
“Los datos son escalofriantes cuando uno ve las prospectivas de lo que se viene en materia de pensiones”, dijo Héctor Villarreal, director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), un organismo sin fines de lucro que ha dado seguimiento al tema de las pensiones desde hace varios años. “Muchos no pasarán de 30 por ciento de su último salario, quisiera pensar que no estamos condenando a una generación entera a la pobreza en su vejez, pero la situación no pinta bien”.
Actualmente alrededor de 24 millones de trabajadores cotizan a la seguridad social y tienen derecho a una pensión. De ellos, un 66 por ciento está en el régimen de Afores y el resto en el esquema anterior, que es mucho más generoso para los trabajadores.
Chile fue el primer país de América Latina en adoptar en 1981 el modelo de cuentas individuales a cargo de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), similares a las Afores en México. En 1997, y tras prever la inaguantable carga para las finanzas públicas que supondría mantener el régimen anterior de jubilaciones, el gobierno de Ernesto Zedillo decidió copiar a la nación sudamericana.
“La solución nunca ha sido la ideal, pero enfrente se tenía una quiebra de las finanzas del país”, mencionó Villarreal.
A partir de 2021 comenzarán las primeras jubilaciones de trabajadores que están bajo el esquema de Afores y las cosas no pintan bien. La mayoría de especialistas estima que los ahorros generados en las cuentas individuales serán mucho menores a los últimos ingresos generados por esas personas.
En otras palabras: no habrá dinero suficiente para que esos jubilados mantengan ni lejanamente el mismo nivel de vida que llevaban en su vida laboral.
Uno de los problemas viene de origen: mientras que en el modelo chileno la aportación de los trabajadores a su AFP fue de 13 por ciento de su salario, en México es de apenas 6.5 por ciento, la más baja del mundo para esquemas similares. Y en el país andino, que ya acumula constantes protestas por los bajos pagos generados, se plantean alternativas de apoyo.
A diferencia de Jaime Orta, Estibaliz Martínez no tiene un salario superior a los 20 mil pesos y lleva varios años menos cotizando en su Afore. Reticente al inicio, acepta eventualmente que se le calcule el dinero que recibirá de su Afore al momento de su retiro, “por más que saberlo la deprima todavía más”.
“No mames, qué horror”, dice al ver los 3 mil 728 pesos que arroja el cálculo de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar). “Sí me preocupa porque yo no quiero que nadie me mantenga, pero al mismo tiempo no sé qué voy a hacer, sí tengo miedo”. Los primeros años laborales de Estibaliz fueron en la informalidad, una situación en la que está prácticamente la mitad de la población económicamente activa del país. Posteriormente ingresó a un empleo formal, pero no reparó en escoger una Afore, así que fue enviada a una cuenta concentradora hasta que finalmente se decantó por la Afore XXI Banorte.
Estibaliz gana 12 mil 500 pesos al mes, mismos que a sus 29 años considera ya muy insuficientes para la vida que desea.
Aun así su situación es mucho mejor que el promedio de jóvenes en el país.
De acuerdo con datos del Inegi, en 2018 los jóvenes de 20 a 29 años obtenían un ingreso promedio de 5 mil 952 pesos mensuales, mismos que se traducen en una pensión aproximada de apenas más de 3 mil pesos al mes. Los jóvenes de 30 a 39 años promediaban un ingreso de 7 mil 724 pesos mensuales, que podrían convertirse en una pensión de solo 3 mil 400 pesos.