viernes, 13 de diciembre de 2019

Cuando llegó a la presidencia, Manuel Andrés López Obrador parecía tener al menos la buena fe de revitalizar a Pemex. Como hijo de la cuenca petrolera del Golfo: pasó sus primeros años en Tepetitán, un pueblo con un par de pozos.
Hoy, los problemas que afectan a Pemex están llegando a un punto crítico, y sus inversores están cada vez más inquietos.
La producción se desplomó a un promedio de un millón 680 mil barriles diarios en los primeros nueve meses de 2019, la mitad de lo que producía en 2004, y los yacimientos más rentables de México se están secando deprisa.
Se necesitan inversiones desesperadamente, pero la compañía dedicó alrededor de 2 mil 500 millones de dólares a gastos de capital en los primeros nueve meses del año, apenas el 28 por ciento de su objetivo de 9 mil millones de dólares para 2019. Ese objetivo ni siquiera constituye la mitad de los gastos de capital de Pemex durante algunos de los años de Calderón.
Aunque Pemex es rentable, las ganancias antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones en los primeros nueve meses del año alcanzaron los 17 mil millones de dólares, la mayor parte de ese beneficio fue para pagar impuestos y derechos que totalizaron 13 mil 900 millones de dólares en ese lapso. “El problema es que el Gobierno se lo lleva todo”, dice Lucas Aristizabal, director sénior para América Latina de Fitch Ratings en Chicago.
Los críticos de AMLO afirman que su Gobierno no tiene una estrategia realista para corregir lo que está mal. Tachan la pieza central de su plan de inversión para Pemex, la refinería en Dos Bocas de 8 mil millones de dólares, como un despilfarro, o peor. Afirman que Pemex no la necesita, que es mejor dejar en manos de otros el negocio de convertir el crudo en combustibles, y que el proyecto desviará la atención y los recursos de su negocio medular que es la perforación.
La construcción aún no arranca en la planta que promete una capacidad de 340 mil barriles por día, pero el terreno que la albergará ya se prepara. Absorberá más de 4 de cada 5 pesos en fondos adicionales que el Gobierno asignó a Pemex de 2020 a 2022 como parte de su plan de negocios.
Poco importa que las refinerías existentes operan a solo el 40 por ciento de su capacidad en septiembre debido a la falta de inversión y de crudo ligero para el procesamiento, o que las plantas pierdan más dinero a medida que producen más, según los analistas.
“Es más barato para Pemex comprar gasolina que refinarla en el país”, explica Ixchel Castro, gerente de mercados de petróleo y refinación para América Latina en Wood Mackenzie. La idea de López Obrador de que otra refinería ayudará a reducir la participación e influencia extranjera en la industria petrolera de México resuena en grandes sectores de la población.