lunes, 30 de diciembre de 2019

La noche antes de que se hiciesen públicas las denuncias de un informante que derivaron en un juicio político a Donald Trump, los demócratas y republicanos de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes se reunieron en un salón para analizar el documento.
Para los demócratas, fue una noticia bomba, “de esas que te dejan mudo”, según comentó un legislador. Los republicanos, no obstante, no opinaron lo mismo. Y no cambiaron de parecer después de tres meses de declaraciones de testigos a puertas cerradas, de audiencia públicas y de maniobras políticas. La cámara baja terminó a probando el juicio político al presidente sin un solo voto republicano y Trump parecía tener un férreo control de su partido de cara al juicio en el Senado. Hubo momentos en los que el desenlace no parecía tan seguro.
Una serie de mensajes de texto de Kurt Volker, enviado especial del Trump a Ucrania, generó cierta ansiedad en ambos partidos en torno a los manejos de Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump. Además, uno tras otro, funcionarios y ex funcionarios del Departamento de Estado, incluida la exembajadora en Ucrania, desafiaron las órdenes de Trump y dieron detalles de todo lo acontecido.
Los propios asesores de la Casa Blanca admitieron que estaban perdiendo terreno en los primeros días de la investigación de la cámara baja. El oficialismo se limitaba a repetir las afirmaciones de Trump de que no hizo nada malo y de que todo el proceso era injusto. Pero cuando los legisladores se congregaron el miércoles pasado para decidir si se le hacía un juicio político a Trump –apenas el tercer juicio de ese tipo en la historia de Estados Unidos– ambos bandos estaban más distanciados que nunca, convencidos todos de que tenían razón.
Este relato de cómo se llegó a ese punto se basa en entrevistas a 21 personas directamente involucradas en este proceso. Varias pidieron no ser identificadas por estar comentando conversaciones privadas.
Eran las 7.37 de la noche de un viernes y la mayor parte de los funcionarios de Washington se habían ido a sus casas.
Adam Schiff, sin embargo, tenía un anuncio grande: En una escueta declaración emitida sin aviso previo ese 13 de septiembre, el presidente de la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes dijo que una denuncia de un informante estaba siendo retenida por el director interino del servicio nacional de inteligencia Joseph Maguire. Schiff, quien es demócrata, no dio detalles, pero dijo que era “un asunto urgente”. La ley, indicó, estipula que el gobierno debe entregar esa denuncia al Congreso.
Ya antes de que Schiff conminase al gobierno a entregar esa denuncia, algunos representantes demócratas estaban pidiendo un juicio político a Trump. La presidenta de la cámara Nancy Pelosi insistía en que todavía no había “pruebas irrefutables”, pero cada vez había más gente presionando por un juicio.
“Me da la sensación de que nos esforzamos por justificar el hecho de que no le hacemos un juicio”, le dijo el representante demócrata Val Demings a Pelosi en abril, pocos días antes de que el fiscal especial Robert Mueller diese a conocer los resultados de su investigación sobre la intromisión de Rusia en las elecciones del 2016. Mueller dijo que no podía exonerar a Trump en relación con el tema de la obstrucción a la justicia, pero dejó en manos del Congreso la decisión de qué hacer al respecto.
A principios de septiembre, un grupo de representantes demócratas estaba tan frustrado al ver que no se hacía nada con miras a un juicio político que estaban listos para ofrecer una conferencia de prensa desafiando públicamente a Pelosi, según un legislador involucrado en esa campaña. Todo quedó en el aire porque trascendió lo sucedido en Ucrania y Pelosi dijo finalmente que ahora sí promovería un juicio político.
A esa altura ya se habían tomado algunas medidas en esa dirección. El presidente de la Comisión Judicial de la cámara baja Jerrold Nadler, por ejemplo, dijo en agosto que ese cuerpo había iniciado “procedimientos formales con miras a un impeachment”. Pero no estaba claro si esa era tan solo una maniobra para calmar a los sectores más liberales del partido demócrata.
Además, sin el apoyo explícito de Pelosi, la campaña a favor de un juicio político no iba a ninguna parte.
Giuliani y los ucranianos.- A mediados de año los investigadores demócratas estaban al tanto de los manejos de Giuliani con funcionarios ucranianos, que él mismo comentaba en la prensa.
El exalcalde de Nueva York llevaba meses hablando mal de la embajadora de Estados Unidos en Kiev. Giuliani promovía denuncias no corroboradas de corrupción del exvicepresidente Joe Biden, candidato a la Casa Blanca, cuyo hijo Hunter integró la junta de una compañía energética ucraniana, Burisma.
En la mañana del 9 de septiembre, tres comisiones de la cámara baja anunciaron una investigación de si Giuliani estaba tratando de “manipular el sistema judicial ucraniano” para ayudar a Trump a poner en aprietos a un rival político. Esa misma tarde, la Comisión de Inteligencia fue informada acerca de la denuncia del informante.
En los días subsiguientes, el equipo de Schiff se escribió con Maguire, el jefe de inteligencia. Los demócratas decidieron informar al público al ver que Maguire no iba entregar la denuncia, según colaboradores de la comisión.
En la denuncia, el informante, que trabajaba para la CIA y había estado asignado a la Casa Blanca, expresó inquietud por los manejos de Giuliani en Ucrania. Sobre todo por una llamada telefónica del 25 de julio entre Trump y el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskiy.
Su denuncia era asombrosa: Decía que Trump había buscado la ayuda de Ucrania para investigar a los demócratas, incluido Biden, con miras a las próximas elecciones, y había condicionado una visita de Zelinskiy a la Casa Blanca a que Ucrania estuviese dispuesta a “hacerle el juego”. Posteriormente, otros testigos dijeron que Trump retuvo asistencia militar a Ucrania para presionar a Zelinskiy. Pelosi habló con Trump pocas horas antes de poner en marcha la investigación con miras a un juicio político. El mandatario insistió en que su llamada había sido “perfecta”. La legisladora no pensó lo mismo. “Estaba asombrada de que el presidente de Estados Unidos apelase a esos recursos y ni siquiera admitiese que se había equivocado”, expresó Pelosi a la Associated Press al día siguiente de la votación sobre el juicio político. “Tenía que saber que se había equivocado”.