martes, 10 de septiembre de 2019

Miembros de la Guardia Costera rescataron con vida el lunes al cuarto y último tripulante de un buque de carga, al perforar las placas de acero del casco de la embarcación para sacar a los hombres más de un día después de que el barco zozobrara mientras salía de un puerto de Georgia.
Los cuatro tripulantes estaban conscientes y en relativamente buen estado, y fueron trasladados al hospital para practicarles exámenes adicionales.
“El mejor día en mis 16 años de carrera”, dijo el teniente Lloyd Heflin, quien estuvo a cargo de coordinar la operación de la Guardia Costera, en un mensaje de texto a The Associated Press.
Tres de los tripulantes de nacionalidad surcoreana fueron rescatados a media tarde. El último, quien estaba atrapado en otro compartimiento, fue sacado de la embarcación tres horas después.
Los rescates se realizaron después de casi 36 horas de labores luego de que el Golden Ray, un enorme buque que transporta automóviles, escoró la mañana del domingo mientras partía de Brunswick rumbo a Baltimore.
“Todos los miembros están a salvo”, escribió la oficina del Sureste de la Guardia Costera en su cuenta de Twitter. “Ahora las operaciones se centrarán por completo en la protección ambiental, el retiro de la embarcación y la reactivación del comercio”.
En las horas inmediatamente posteriores al accidente, la Guardia Costera utilizó helicópteros para rescatar a 20 tripulantes antes de determinar que el humo, las llamas y la inestabilidad de la carga creaban condiciones demasiado riesgosas para adentrarse en la embarcación. A las autoridades también les preocupaba la estabilidad del barco, que transportaba 4.000 vehículos, algunos de los cuales podrían haberse soltado durante el accidente.
Tal situación dejó a los rescatistas en busca de los cuatro tripulantes faltantes. En un principio, los equipos de emergencia no estaban seguros de si los sonidos que escuchaban desde el interior del barco eran causados por los vehículos que chocaban entre sí. Pero hacia la madrugada del lunes, aumentó la certeza de que los golpes eran en respuesta a los suyos, lo que indicaba que había personas con vida dentro de la embarcación.
“Fue notable cuando escuché la noticia esta mañana de que hubo golpes de respuesta durante toda la noche”, señaló el capitán John Reed, quien añadió que el sonido ayudó a los rescatistas a ubicarse en el lugar preciso del buque de 200 metros (656 pies) y fue un aliciente.
“Estaban motivados sabiendo que había gente con vida”, declaró Reed.