viernes, 2 de agosto de 2019

En coyunturas políticas como la que vive hoy el país es cuando puede verse con más claridad la importancia de que los pueblos cuenten con un partido político que encarne las aspiraciones de la gran masa trabajadora, de los empresarios y emprendedores que invierten en la producción, de agroproductores, profesionales y estudiantes.
Si ese tipo de partido existiera y contara con dirigentes competentes, estaría dotado de una estrategia que definiera con claridad la línea roja que transitaría para llegar al poder y se acogiera a ella para trazar los pasos tácticos más audaces para materializar su objetivo. Ese tipo de partido formaría cuadros capaces de convertirse en la levadura que fermentaría a la multitud, la organizara, la adiestrara y la pusiera a luchar por sus objetivos económicos y sociales, para terminar dándole un contenido político a su lucha y edificando un Estado donde la institucionalidad, el respeto a la ley y la inclusión y participación social fueran la norma, no la excepción.
Ese tipo de partido no existe al día de hoy en el país y construirlo en el futuro inmediato no parece una tarea fácil porque para eso hay que romper con muchos particularismos, pruritos pequeñoburgueses y los acomodamientos cotidianos a un estilo de vida de elite que rompe la sintonía con el pueblo.
Por eso es difícil aprovechar la gran oportunidad que hay ahora para provocar cambios políticos para forjar instituciones democráticas respetadas y participativas.
Aquí y ahora el gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD) está al borde de una ruptura a solo meses de las elecciones.
Si se recuerda que el PLD copa los poderes públicos de forma continua desde el año 2004 y que por tanto hay un cansancio acumulado especialmente en los ciudadanos que no pueden romper el cascarón y penetrar por ninguna vía a disfrutar del crecimiento económico, es comprensible que haya una voluntad de cambio en la sociedad.
La disyuntiva
Estamos ante la típica situación en que los de arriba tienen serias dificultades para continuar en el poder (hasta ahora de tipo político), pero los de abajo aun no han mostrado la capacidad, la lucidez y el atrevimiento para forjar una alternativa creíble para motorizar el cambio.
Nadie duda que el PLD sigue siendo un partido importante, quizás el más, pero ninguna otra palabra lo define mejor que su condición de “partido en dos”, aunque no sean mitades. Los seguidores de Danilo Medina, que tienen mucho más de la mitad en todos los organismos del PLD -y es de eso que hablo, no de popularidad- y los de Leonel Fernández, que si bien podrían llegar internamente a un tercio de los dirigentes del Comité Central y del Comité Político, sigue siendo una fuerza a tener en cuenta para las próximas elecciones.
¿Guerra o paz en el PLD?
¿Existe alguna posibilidad de un entendimiento entre el danilismo y el leonelismo? Es poco probable, pero no hay que descartarlo del todo.
Contrario a lo que piensan algunos de mis amigos de que existe una maquinaria peledeísta que presiona la unidad de los cabecillas de grupos (Leonel y Danilo) para que el PLD no salga del gobierno, creo que la cosa opera al revés.
Lo que hace la gran masa peledeísta -pequeñoburguesa y arribista por naturaleza- es acudir hacia el alero de quien huele a poder y deja atrás a quien lo pierde.
Por eso Danilo hoy es la fuerza dominante en ese partido y bien pasaría a serlo Leonel si se convierte en Presidente, o “Monigote López” si es finalmente el candidato y lo eligen gobernante.
El programa máximo que cohesiona a bases partidarias, lamentablemente, es una expectativa convincente de quién manejará el Presupuesto. Lo demás es discurso y demagogia barata, poses de ocasión sin ninguna importancia más allá del testimonio.
La tal maquinaria no condiciona a cabecillas de grupos, sino que se amolda -eso sí- a quien supone que “va a ganar” y entonces se vuelve soberbia como siempre.
Hay una oportunidad
¿Puede la oposición remontar vuelo y llegar al gobierno? ¡Hay las condiciones para ello!
Una observación del panorama indica que el núcleo de la oposición es el Partido Revolucionario Moderno (PRM) que aun retiene valores democráticos y dirigentes experimentados de viejas batallas por la libertad, pero que interactúan con la “marca de fábrica” del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que consiste en vivir abajo porque la ambición y las rebatiñas por escalar, anulan su eficacia.
Si en los próximos días el PRM no enseña un gran músculo unitario y desprendimiento amplio para hacer alianzas apetecibles cediendo posiciones legislativas y municipales, así como espacios en un eventual gobierno que encabece, estará tonteando y su esfuerzo por convertirse en poder, se tornará difícil. Por igual, si los líderes alternativos no ponen los pies sobre la tierra y pactan un acuerdo “posible” con el PRM, hacen solo dos cosas a la vez: cavar su propia sepultura política y regalarle el nuevo gobierno a la “minoría mayor” del PLD en las próximas elecciones. Sea la que patrocine Danilo o la que encabeza Leonel.
Esta semana es decisiva para saber si la oposición tiene los pies sobre la tierra o la cabeza en “Mazorra”, el manicomio de Cuba fundado en 1857.
Hipólito y Luis
Luis Abinader, casi con seguridad el próximo candidato presidencial del PRM y el expresidente Hipólito Mejía, si son mínimamente inteligentes y quieren tener éxito, deben solidificar la más fuerte unidad, sin ruidos, y ambos comprender que si no le presentan al pueblo un frente político compacto, una fortaleza inexpugnable frente a un PLD que se derrite en luchas fratricidas, no podrán vencer.
Si yo fuera un dirigente del PRM, plantearía en forma directa a Luis y a Hipólito que sean generosos cediendo candidaturas importantes en los niveles legislativos y municipales a todos los partidos alternativos para que se sumen a una voluntad de cambio y puedan mantener su reconocimiento legal tras las elecciones.
Ese no solo es un servicio a la democracia, sino un aprovechamiento oportuno de una coyuntura que una oposición inteligente y sagaz, puede convertir en victoria. Quizás eso convenga al devenir histórico del pueblo dominicano para superar el caudillismo que ahora solo encarna el PLD.
Si el PRM cree que el hecho de que Danilo y Leonel estén peleando significa la victoria “por defecto”, está perdido en lo claro y la frustración le vendrá como factura.
Sin un frente político sólido para enfrentar a la facción de Leonel, si fuere el candidato del PLD -lo cual es muy difícil porque es un enfrentamiento de intereses políticos-, o a la de Danilo, el PRM no puede cantar victoria hasta que le cuenten los votos.
La condición de victoria del PRM frente al PLD pasa porque el primero conserve la más sólida unidad interna y amplíe considerablemente sus fuerzas hacia el ala progresista, mientras que el segundo se divida y se siga identificando con el sello conservador que ha adquirido del viejo reformismo y de los “Partidos de los Herederos”.
La característica más sobresaliente de un buen táctico en política es que sabe apreciar el momento y aprovecharlo. Es como el mango: para saborearlo hay que cogerlo cuando está maduro, ni verde ni podrido.
¡Cuando pase la tempestad, contaremos las estrellas!