jueves, 13 de diciembre de 2018

NACIONAL
Santo Domingo
“Los últimos años de bachillerato para mí fueron de indecisión en cuanto a la carrera que estudiaría en la universidad”. Son las palabras de Lucero, para quien, al igual que muchos jóvenes, el hecho de asumir que su vida cambiará totalmente tras completar los estudios de secundaria se vuelve aún más frustrante por no saber a qué quieren dedicarse de ahí en lo adelante.

 Aunque al principio quería estudiar medicina, porque le “llamaba la atención”, Lucero cuenta que después no podía decidirse entre medicina, publicidad, economía y administración. Pese a que estas dos últimas no le gustaban tanto, según familiares y allegados eran carreras que le garantizarían un buen empleo en el futuro, a diferencia de la publicidad, que era la que más le atraía.

 “En el fondo sentía que lo que quería era estudiar publicidad, pero seguía sin estar segura por el hecho de que la carrera tiene muchos prejuicios. Algunos de mis propios ‘amigos’ me decían que eso era para vagos o que era muy fácil. Incluso una profesora me dijo que no la estudiara, ya que eso no era una carrera en sí”.

Así fueron pasando los días mientras pensaba si debía hacerle caso a lo que le dictaba el corazón o dejarse llevar por la opinión de los demás. Hasta un día, cuando entre el oscuro camino de la incertidumbre apareció una luz.

“Entre todas las opiniones la que más me ayudó fue la de una amiga. Ella me hizo ver que a pesar de mi indecisión, de mis miedos con las carreras o de lo que dijeran, si yo estudiaba lo que de verdad quería me iría súper bien”. Y así lo hizo.

Actualmente, solo lleva un cuatrimestre estudiando publicidad en APEC, pero eso ha bastado para que la joven de 17 años exprese su gran conformidad con la carrera al tiempo que da gracias a Dios por haber tomado la decisión correcta y no haber elegido medicina u otra cosa.

En el caso de Andrea, desde siempre supo que quería estudiar biología animal. Sin embargo, esa decisión se vio afectada por la falta de oferta académica en el área en el país, por lo que tenía que tomar una decisión: irse del país o estudiar medicina veterinaria.

“Decidí, por conveniencia, estudiar veterinaria en la UNPHU, porque sentí que eso era lo ideal”, dice la joven de 20 años, quien manifiesta que su decisión, en gran medida, se vio influenciada por el hecho de que quedarse en el país implicaba seguir viviendo con sus padres, lo cual era más barato que irse a estudiar fuera.

“Además de eso, mi abuela y tía estudiaron veterinaria y fueron reconocidas en el área, lo que quiere decir que tienen buenas relaciones con personas que más adelante podían ayudarme a conseguir trabajo, aparte de que tenía mi novio en República Dominicana. Así que en todos los aspectos estudiar veterinaria era lo que me convenía”.

Le fue muy bien. La institución académica le otorgó media beca, su índice era excelente y en su momento, consiguió la pasantía de sus sueños, pero no era completamente feliz.

“Me iba bien pero sabía que eso no era lo que quería hacer toda mi vida. No quería ver animales sufriendo, quería estudiarlos y hacer investigaciones que ayudaran a su conservación”, destaca la joven, quien hace un año, cuando le faltaba un cuatrimestre para graduarse de veterinaria, tomó una de las decisiones más arriesgadas de su vida: irse a otro país para empezar de nuevo en lo que realmente le gusta: biología animal.

“Ahora estoy en Canadá, empezando de nuevo, pero feliz. Y al final no perdí nada. Sigo con mi novio, mantengo relación con mis amigos de veterinaria y tengo amigos nuevos aquí”, concluye.

Ir tras lo que quieres
En lo que sí coinciden Lucero y Andrea es que lo más importante antes de escoger una carrera universitaria es poner lo que te hace feliz por encima de las opiniones de familiares o amigos.
“Le sugiero a los jóvenes que tengan en cuenta que no son las otras personas que van a estudiar o trabajar por ellos en un futuro. Los consejos sirven de mucho, pero hay decisiones que es mejor tomarlas nosotros mismos”, dice Lucero.

Les propone pensar bien lo que quieren y si no se deciden a tiempo, mejor esperen y se dediquen a hacer cursos o buscar empleos hasta que descifren qué es lo que realmente los hace felices, pero no estudien una profesión por complacer a los demás.

“Esto no es una carrera para ver quién se gradúa primero. Lo que estudies de alguna u otra manera definirá lo que harás por el resto de tu vida”, agrega Andrea, quien al igual que Lucero aconseja a los jóvenes buscar la felicidad, porque al final de cuentas el tiempo pasará de igual forma.

UNA CARRERA UNIVERSITARIA NO GARANTIZA EL ÉXITO.
“Uno de los problemas de nuestra sociedad es que han convencido a los jóvenes de que hay que ir a la universidad para ser alguien en la vida”, destaca el psicólogo Amauris Fabián. De acuerdo con el experto, hay personas que simplemente no están hechas para las carreras tradicionales que imparten las universidades, pero por la presión social se ven en la necesidad de estudiar algo que no les gusta. Esto, dice, solo consigue crear profesionales mediocres que obtienen un título para colgarlo en la pared. Agrega que es importante saber que concluir una carrera universitaria no es sinónimo de éxito. “Así como hay personas que han estudiado carreras tradicionales y no alcanzaron el éxito, hay muchos que han basado sus estudios solo en cursos técnicos y se han destacado”.

¿CÓMO INFLUYEN LAS OPINIONES EXTERNAS?
Cuando los padres son los promotores de desaliento, descalificaciones y desmotivación, eso tiene un efecto demoledor para la confianza y aspiraciones de sus hijos. “En todo momento, los padres deben inspirar a sus hijos a superarse y creer que pueden lograr sus metas. Es imperativo que los padres fomenten el hecho de que sus hijos tengan iniciativas y que tengan el apoyo oportuno”, expresa Milton Corniell, director del Instituto de Terapia y Psicología Familiar (Intepsif). Es enfático al decir que las palabras tienen mucho poder, tanto así que pueden destruir el edificio de los sueños y el futuro de los hijos. “Los padres que construyen el futuro saludable y el logro de los sueños de sus hijos son los que los edifican con sus palabras”, dice. De su lado, el también psicólogo Noel De la Rosa, recalca que las opiniones emitidas por familiares y personas allegadas no siempre son negativas, sino, más bien, a veces se trata de una alerta para llevar al joven a reflexionar y descubrir si la decisión pensada es la correcta.
 
FUENTE: LISTIN DIARIO

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