jueves, 13 de diciembre de 2018

INTERNACIONAL
Santo Domingo
El arte sigue siendo la mejor vía para convertir momentos dolorosos de los seres humanos en mensajes de amor y esperanza.

Es lo que procura lograr la artista Silvia Levenson con su exposición “Identidad Desaparecida”, inspirada en el movimiento “Abuelas de Plaza de Mayo”, una organización de derechos humanos argentina que tiene como finalidad localizar y restituir a sus legítimas familias todos los niños secuestrados y desaparecidos por la última dictadura militar en esa nación sudamericana (1976-1983).
Alrededor de 500 niños fueron privados de su identidad al ser separados de sus padres y llevados a vivir con personas que creían sus progenitores, pero en realidad los integrantes de estas familias donde llegaron fueron autores, partícipes o encubridores de la desaparición y asesinato de sus padres biológicos.

Entre 1976 y 1984, cerca 30,000 personas fueron desaparecidas y asesinadas, incluidos miembros de la propia familia de Levenson, quien a la edad de 23 años huyó a Italia con su esposo.
Esos eventos que marcaron a la sociedad argentina influyeron en el trabajo artístico de Levenson y en la exposición que estará expuesta hasta abril del próximo año en el Museo Memorial de la Resistencia Dominicana (MMRD), ubicado en la Ciudad Colonial.

Las Abuelas
El 30 de abril de 1977 un grupo de mujeres comenzaron a marchar cada jueves alrededor de la plaza Pirámide de Mayo, situada frente a la casa de gobierno. Inicialmente llevaron un pequeño clavo y luego decidieron cubrirse el cabello con un pañal de tela blanco.

El grupo recibió el nombre de Madres de Plaza de Mayo y su sola presencia comenzó a ejercer presión nacional e internacional para conocer el destino de las personas que desaparecían en Argentina. Ese movimiento derivó a finales de 1977 en el movimiento Abuelas de Plaza de Mayo, creado  a final de ese año por doce madres-abuelas de desaparecidos, con edades entre 50 y 60 años.
Hasta agosto del presente año este movimiento civil ha logrado devolver su identidad a 128 personas que estaban ajenas a su verdadero origen.

La muestra
Levenson apela a objetos infantiles elaborados con vidrio, pero sin mostrar a quienes los usan, para transmitir el drama que cambió la vida miles de los argentinos.
“Aunque los hijos de los desaparecidos ahora son adultos, en mi trabajo hablo de niños, de infantes, porque durante ese período fueron apropiados y ese es el momento que trato de curar”, dice Levenson para explicar qué la impulsó a realizar esta exposición.

Destaca que le fascina como en una sociedad que no valoriza a la gente mayor, sean justamente las abuelas quienes impulsaron el movimiento tendente a curar heridas mediante la recuperación de la identidad robada a los hijos de desparecidos y asesinados por la dictadura. Sandalias, sillas y ropas infantiles elaboradas en vidrio representan el proceso de lucha innovador introducido por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y simbolizan  como hacer visible lo que se oculta o no se puede ver.
Levenson nació en Buenos Aires, Argentina, en 1957, en una época en que se alentaba el activismo político y social. Ella comenzó a protestar en nombre de los pobres de Buenos Aires a los 14 años y cuando cumplió 19 años nació su hija Natalia, quien tiene la misma edad de jóvenes a quienes la dictadura les robó su identidad.

Triunfo del amor sobre la maldad
La directora del MMRD, Luisa de Peña Díaz, invitó a las familias a acudir a la entidad para disfrutar de la  exposición de esta artista argentina que trae a la memoria la expropiación de niños, uno de los mayores crímenes de las dictaduras del cono sur.

“Robarle el presente y futuro a un niño no tiene calificación. Fueron tratados como animales domésticos, pues se los quitaron a sus padres para que otros los criaran”, indicó.
Citó el caso de Macarena Gelman, cuyos padres fueron secuestrados y asesinados. Ella nació en una casa en Montevideo usada por la dictadura como centro de tortura y exterminio, y luego fue entregada a una familia uruguaya que la crió.

Su abuelo, el poeta Juan Gelman, ganador de un premio Príncipe de Asturias, no se rindió en la búsqueda de su nieta Macarena, quien inició en la Corte Interamericana un proceso judicial llamado “Macarena Helman contra Uruguay”, con el cual logró recuperar su verdadera identidad y sentar un precedente en la búsqueda de la justicia por crímenes cometidos más allá de las fronteras.
Otro caso emblemático –indicó la museógrafa- fue el de la diputada argentina Victoria Donda, quien luego de recuperar su real identidad escribió un libro titulado “Mi nombre es Victoria”.
Recordó que a Donda le tomó meses adoptar la decisión de hacerse el estudio de ADN que le permitió descubrir su verdadera identidad, aunque tenía sus sospechas. 

Descubrió que su padre y tío eran militares, el primero en contra de la dictadura y el segundo defensor. Su tío planificó el asesinato de sus padres y entrega a Donda a una persona a quien ella llama en su libro “Su expropiador”.

“Lo bello de esta exposición es que te muestra el dolor y el horror de la dictadura a través del arte, pero dejando a la vez el consuelo y mostrando que al final la vida es bella”, agregó De Peña Díaz.
La directora del MMRD refirió que pese al tiempo trascurrido y a que muchas de esas abuelas murieron sin conocer a sus nietos, la búsqueda de la justicia y la verdad siempre es válida y le memoria histórica debe mantenerse. “Esta exposición muestra el triunfo del amor sobre esa maldad que la dictadura quiso implantar.  En esta Navidad es una hermosa oportunidad para invitar a los padres y a sus hijos  abrazarse”, añadió.
 
FUENTE: LISTIN DIARIO

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