martes, 25 de septiembre de 2018

NACIONAL
Cuando las garras del ciclón Georges se posaron en la vida de Joselyn Méndez, todo cambió. En el otoño de 1998, su vida experimentó una sacudida que amenazó con derrumbar sus más antiguos yacimientos de fortaleza.

El viento, el tiempo, la vida ahora la han empujado a “naufragar” en medio de las aguas del río Ozama, cuando este cual intruso se aproxima y arrastra todo a su paso, en el sector La Ciénega.
Los ajuares están allí, sin orden aparente, bajo la atenta mirada de su gata que ha sido su fiel compañera desde el momento en que tomó la difícil decisión de enviar a sus hijos a vivir con su madre.

“Tenía miedo de tenerlos conmigo, por el agua”, expresa con un semblante cabizbajo y lleno de evidente resignación.
No le queda más que esperar, una espera que se ha convertido en un flagelo que lastima sus noches con insomnio producto del miedo a perderlo todo. A sus 37 años ha tenido que enfrentarse a una realidad dura, hostil, irreverente y carente de sensibilidad.
Sus días transcurren de la forma más convencional, se dispone a lavar los platos y la ropa, siempre y cuando los circuitos eléctricos lo permitan. Allí, al lado de su cama, se agacha, con calma llena dos recipientes de agua y se “entretiene” quitando la mugre de forma cauta y con vasta precisión.
Entretanto, cuando la energía eléctrica se lo permite se dispone a ver desde su pequeño televisor conciertos de renombrados artistas clásicos y también telenovelas, a continuación empieza a tararear sus letras.

Desea tener un hogar, “una casita” que sea la adecuada para vivir, y que le permita estar “cómoda con sus hijos y su esposo”, manifiesta, mientras observa corretear los niños desde la orilla del río. Admite, además, que la zona donde reside aún no ha sido desalojada, por lo que espera que la ayuda llegue cuanto antes. Solo le queda descansar en su fe y creencias de que esta vez sea la suerte que se apodere de su vida y no aquel líquido turbio que se pasea cuando el cielo “se cae”, cuando llueve. La pequeña casa, llena de hojalata y horadada, es propiedad de su pareja, y está ubicada justo frente al río.

La Unión de Juntas de Vecinos de La Ciénaga ha denunciado que aún no tienen un lugar a dónde ir cuando se produzca el desalojo para la construcción del proyecto Nuevo Domingo Savio.
¡Quiere aprender!   
“Estoy aprendiendo a leer y ya sé firmar mi nombre”, dice mientras se emociona, externa además que es parte del programa de alfabetización “Quisqueya Aprende Contigo”, y que producto de su integración en esto, ha logrado su sueño.
 
FUENTE: LISTIN DIARIO

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