lunes, 2 de julio de 2018

INTERNACIONAL
NUEVA YORK. En su primera aparición mediática y entrevista, después de ser acusado por varias mujeres apoyadas por el movimiento #Me Too, el laureado escritor de origen dominicano Junot Díaz rompió el silencio y negó categóricamente que haya acosado o tocado a ninguna mujer y aseguró que nunca besó a la escritora Zinzi Clemmons, la primera en denunciarlo.

Díaz le dijo al periódico Boston Globe que está angustiado, confundido y aterrado por las acusaciones e insistió en que jamás ha acosado a las mujeres o ha asumido una conducta sexual inapropiada.
“Me sorprendió”, dijo Díaz durante una entrevista en las oficinas de Liberty Square Group, una firma de comunicaciones de Boston, contratada para representarlo.

“Esto no suena como cualquier cosa en mi vida, nada que sea yo”, añadió el ganador del codiciado Premio Pulitzer.

El autor mantiene su trabajo docente en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y su posición de editor de ficción en la revista Boston Review, luego de que investigaciones independientes que encontraron que las acusaciones carecían del tipo de severidad que animaba el movimiento #MeToo, como lo expresan los principales editores de la revista.

El autor, cuya ficción está llena de personajes masculinos que se comportan mal con las mujeres, ahora se encuentra tratando de establecer distinciones entre el artista y su arte, entre la mala conducta sexual y las relaciones consensuales que salieron mal.

Díaz, profesor y ganador del premio Pulitzer en el 2008, por su novela “La prodigiosa vida breve de Oscar Wao”, ha sido autorizado para volver a enseñar este otoño, un desarrollo significativo en un caso que ha llamado la atención nacional.

“Hay una línea entre ser un mal novio y tener mucho remordimiento y comportamiento predatorio”, dijo Díaz.

El escritor ha sido un favorito literario desde que su primer libro, “Drown”, se convirtió en un bestseller nacional a mediados de la década de 1990.

Su novela ganadora del Pulitzer a menudo se enseña en las escuelas. Con historias que se basan en traumas y personajes cargados de misoginia cultural y racismo, Díaz ha despertado sentimientos fuertes, pero nunca más que en las últimas semanas, cuando las quejas de varias escritoras dividieron al ambiente literario.

Hasta el momento, Díaz se ha salvado, en gran parte porque no llegó el diluvio de historias de #MeToo que sus acusadores predijeron. Además, algunas de las acusaciones se han marchitado bajo el escrutinio. Un intercambio que una mujer recordó como “una explosión de rabia misógina y humillación pública” sonó para otros como si el autor estuviera a la defensiva por su trabajo.
Y Clemmons, que acusó a Díaz de besarla por la fuerza en una escalera, se negó a decir si fue en los labios.

Mientras que los aliados de Díaz han denunciado la prisa por juzgarlo, sus acusadores ven al estimado autor como un misógino que escapó.

Respaldan las acusaciones y dicen que se debe abordar una amplia gama de comportamientos como parte del movimiento #MeToo.

“Desafortunadamente, con #MeToo, el estándar parece ser bueno, no es tan malo como Harvey Weinstein, así que no es algo sobre lo que debamos hacer algo, dijo Alisa Rivera, una mujer de Los Ángeles que escribió sobre un encuentro con Díaz que la dejó llorando.

“Creo que deberíamos tener una conversación más amplia sobre el abuso de poder”, dijo Rivera.
Lo mismo ocurre con Sarah J. Jackson, profesora asociada de comunicaciones de la Universidad Northeastern que estudia el activismo hashtag en línea, y aunque dice que cada historia de #MeToo merece ser escuchada, cree que este episodio puede ser un punto de inflexión en cómo se evalúan.
“Posiblemente lo que estamos viendo es que si somos capaces como sociedad, nuestras instituciones, nuestras universidades son capaces de diferenciar entre tipos de mal comportamiento”, dijo Jackson al Boston Globe. “Lo cual no significa que no haya consecuencias de un mal comportamiento”.
Todavía hay daño reputacional”, añadió.

Él también dijo “MeToo”
Para Díaz, hay una ironía en las acusaciones contra él. Surgieron después de que levantó la mano para decir “MeToo”.

En abril, el periódico The New Yorker publicó un ensayo en el que Díaz reveló que fue violado a los ocho años y relató el alto costo que la experiencia había tenido con sus relaciones, reconociendo las muchas novias que había traicionado y abandonado.

Díaz defiende la pieza como genuina, diciendo que comenzó a escribirla hace más de un año y que estaba preocupado mientras promocionaba su libro para niños recientemente publicado, “Islandborn”.
Pero sus críticos vieron su confesionario como un intento cínico de adelantarse a las acusaciones que podrían haber estado viniendo en su dirección.

Cuando habló en el Sydney Writers Festival en Australia, después de que publicara su historia en The New Yorker, la novelista Zinzi Clemmons lo confrontó públicamente sobre un encuentro que dijo haber tenido con él seis años antes.

Clemmons dijo que Díaz trató de “besarla por la fuerza” durante un incidente en un taller efectuado en la Universidad de Columbia.


DIARIO LIBRE

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